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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Los calvarios de Donald Trump (22-08-2017)

Acaso cae sobre Donald Trump la misma maldición que conjuró Chávez contra Bush, cuando vaticinó que este duraría menos en el cargo de Presidente que él. Muchos dicen que el destino de Trump en la Casa Blanca es incierto, por su manifiesta ineptitud y sus usuales metidas de pata. Ya en la campaña electoral la candidata del Partido Demócrata, Hilary Clinton y otros, como el propio presidente Obama, habían asomado que el actual mandamás yanqui no estaba capacitado para ejercer la Presidencia. Hay señales claras de que el “Gobierno profundo” o “permanente” de Estados Unidos, aquellos que mueven tras bambalinas los hilos del poder, podrían buscar la manera de quitarse de encima el molesto fardo en que ha venido convirtiéndose el sujeto de marras.

En lo que a nosotros concierne, fuimos objeto de una de las barrabasadas del bocazas Donald Trump, cuando afirmó que la acción militar estaba entre las opciones que el Imperio consideraba para intervenir en la situación venezolana. Un par de semanas después ha tenido que desdecirse, al afirmar ayer, durante un discurso desde la base militar Fort Myer en Arlington, que “No vamos a utilizar más el poder militar estadounidense para construir democracias en tierras lejanas o tratar de reconstruir otros países a nuestra imagen: esos días ya han terminado. En cambio, trabajaremos con aliados y socios para proteger nuestros intereses comunes”. Nótese que esta declaración se produce después de la gira del vicepresidente Mike Pence por varios países con gobiernos que le son aliados, en la que todos rechazaron la mencionada amenaza, que ya había sufrido el repudio generalizado en el mundo apenas pronunciada. Por supuesto, es claro que no puede uno  confiarse en el imperialismo “ni tantito así”, como dijera el Che Guevara, pero lo cierto es que una vez más Trump pela el boche y luego se ve forzado a enmendar la plana, como le ocurrió tras la marcha supremacista de Charlottesville.

La actual fragilidad política de Trump se trasluce en el editorial del influyente diario estadounidense New York Times del pasado 19 de agosto, titulado sugerentemente “The Failing Trump Presidency” (la fallida presidencia de Trump). Ya el uso de la palabra “fallida”, cuyo utilización en Estados Unidos conlleva una carga que todos conocemos, apunta a la gravedad del asunto.

Es interesante comentar algunas de las frases de ese editorial (según la traducción que hemos arriesgado). Fíjese el lector en cómo se inicia el texto: “Cada día, el Presidente Trump ofrece nuevas pruebas de que está fallando en el cargo que los estadounidenses le confiaron. El catastrófico desastre de su presidencia se aceleró la semana pasada con una conferencia de prensa el martes en la que parecía decidido a sembrar la lucha racial en una nación desesperada por una visión unificadora”. Nótese que aquí no se está criticando algún error u opinión puntual del Presidente: es más bien una evaluación global de la gestión que concluye en que está “fallando en el cargo”. Se trata de un juicio de valor que compromete a la ejecutoria toda y no solo a parte de ella. Claro, el ingrediente racista es un buen aderezo a esa condena integral.

En el editorial hay definiciones tan graves como estas: “dudas profundas sobre su brújula moral, su comprensión de las obligaciones de su cargo y su aptitud para ocuparlo”. El lenguaje que usa este medio, representativo de sectores económicos y políticos muy importantes de la burguesía gringa, transmite un inocultable talante conspirativo.

Veamos otro fragmento del demoledor editorial: “Aquí, en esencia, es donde estamos ahora: una nación encabezada por un príncipe de la discordia que parece divorciado de la decencia y el sentido común. Las campanas de alarma fueron fuertes y rápidas. Cinco miembros del Estado Mayor Conjunto dieron una rara reprobación, condenando el extremismo racial en el ejército y la nación. Líderes extranjeros, desde el Secretario General de las Naciones Unidas Antonio Guterres, hasta la Primera Ministra Teresa May de Gran Bretaña, condenaron la intolerancia y el fracaso del liderazgo en la Casa Blanca”. Son palabras muy duras, que presagian el espectáculo de la cabeza de Donald Trump rodando desde la guillotina: “un príncipe de la discordia que parece divorciado de la decencia y el sentido común”.

En ningún momento decae el tono apocalíptico del texto: “De todas las muchas quejas y condenas, las más fuertes provienen de los supuestos aliados del Sr. Trump en la comunidad empresarial, un resplandeciente muestrario de los líderes financieros y corporativos que comenzaron a renunciar a dos consejos asesores de la Casa Blanca a principios de la semana pasada”, y también: “Al parecer, el Sr. Trump estaba energizado por su actuación del martes, que avizoró como un reproche a las fuerzas políticamente correctas que él piensa están decididos a derrocarlo, ante lo cual se estrelló, atacando a los críticos de todos los lados y lanzando explosiones en Twitter de tonterías anti históricas”. No se crea que la repentina aparición de la frase “las fuerzas políticamente correctas que él piensa están decididos a derrocarlo” es mera coincidencia. Sutilmente, los editorialistas informan que esas fuerzas existen y que están en lo correcto       .

El editorial no deja de ironizar sobre la posibilidad de que el comportamiento de Trump mejore: “Algunas personas, optimistas en nuestra opinión, creen que los peores instintos del Sr. Trump pueden ser controlados o por lo menos moderados después de la salida el viernes de una de las fuerzas más oscuras de la Casa Blanca, Stephen Bannon… en cualquier caso su partida no resuelve el problema principal, que es el propio Sr. Trump”.

Un interesante dato que asoman los editorialistas, sobre los índices de aprobación de Trump: “… están a la deriva al sur del 35 por ciento, mientras que él sigue ilusionado con el menos de un cuarto de los estadounidenses que dicen que no pueden pensar en nada que él podría hacer para remover su apoyo”.

En nuestro Análisis del 14 de agosto asentamos, en torno a la amenaza militar de Trump: “… esto parece más bien otra de esas bravuconadas verbales a las que nos viene acostumbrando el insufrible inquilino de la Casa Blanca. Hasta el diario fascista El Nacional lo ha definido como una “balandronada” en su editorial de ayer. Por supuesto, si fuera por él y los extremistas que lo acompañan, nos invadirían mañana mismo. Pero como hemos dicho más de una vez, es falso que querer sea poder,  una cosa piensa el burro y otra quien lo va a montar”. Como se ve, Donald Trump tiene suficientes problemas como para emprender alguna aventura desmesurada contra Venezuela. Por ahora, ese perro solo ladra, sus dientes está mellados y no pueden morder. Igual debemos prepararnos para todo, porque no sabemos que nos deparará el futuro.

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