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Mariano Nava Contreras: El Señor de las Moscas

En 1983 conferían el Premio Nobel de Literatura a un autor entonces poco conocido, William Golding. Hacía exactamente treinta años, desde 1953 cuando lo ganó Churchill, que el Premio Nobel no visitaba Inglaterra. Al recibirlo, Golding no era precisamente famoso como su antecesor, Gabriel García Márquez, pero tampoco un desconocido. Su obra había alcanzado alguna notoriedad en Europa, siempre a la sombra de la que fue su primera novela y sin duda su obra maestra, Lord of the FliesEl Señor de las Moscas.

La novela cuenta la terrible historia de unos niños que quedan atrapados en una isla deshabitada en medio del océano. La isla es un pequeño paraíso. Tiene un excelente clima, abundantes alimentos, no hay bestias ni salvajes a los que temer. Los niños solo deberían sobrevivir y divertirse mientras llegan a rescatarlos. Sin embargo, se les ocurre la idea de organizarse políticamente como los adultos, “por algo son niños ingleses, y los ingleses todo lo hacen bien”. Es cuando todo comienza a torcerse. La envidia, el afán de protagonismo y la ambición de poder aparecen para convertir en una guerra sin cuartel lo que pudo haber sido un juego de niños. El miedo y la superstición degeneran en violencia y aquel paraíso se convierte en un infierno, mientras aquellos educados niños ingleses se vuelven unos crueles salvajes.

Los niños vienen de algún lugar del Pacífico -tal vez Malaca o Singapur- de donde son evacuados a causa de la guerra. El avión sufre una avería y se estrella en una isla desierta, muriendo toda la tripulación. El grupo de los sobrevivientes tampoco es grande. Apenas llega a unos quince o veinte. Ralph, el mayor, tiene unos trece años. Los demás están entre los seis y los siete. De ellos destacan Piggy, el intelectual, el gordito con lentes, asmático, timorato y despreciado; Simon, callado, curioso y meditabundo; los gemelos Sam y Eric, indisciplinados e inmaduros, solo quieren divertirse, y finalmente Jack, solista de un coro que se salva casi al completo. Su carácter es violento e impulsivo. Al principio Ralph es elegido jefe del grupo. Tiene una caracola blanca que es símbolo de su autoridad. Cuando la hace sonar todos deben reunirse a escuchar lo que tiene que decirles. Ralph es un buen chico inglés. Lo reglamenta todo, hasta el uso de las letrinas. Organiza la pequeña tropa, de modo que, mientras Jack y sus coristas se dedican a la caza, los demás construyen refugios y recolectan frutas.

Pronto la civilizada convivencia de Ralph sucumbe ante el peso de la realidad. Los encargados de las fogatas se duermen y las dejan apagar, losrefugios se caen, los niños solo piensan en jugar. El único que prospera es Jack, quien, cegado por la sangre y la violencia, consigue matar a unos cuantos animales. Ensoberbecido, se rebela contra Ralph, haciéndose con el poder. Éste, abandonado por todos, huye escondiéndose por la isla. Jack se da cuenta de que necesita los lentes de Piggy para prender la fogata y lo mata para hacerse con ellos, mientras sus secuaces rastrean la isla buscando a Ralph para matarlo también. Para colmo, un supuesto monstruo aterroriza a los niños.Se trata de un paracaidista muerto y enredado en los árboles, cuyo paracaídas se infla y desinfla con el viento. Para conjurar a la “bestia”, Jack instituye un grotesco rito en torno a la cabeza putrefacta de un jabalíclavada en la arena: es el Señor de las Moscas. La historia termina cuan-do al fin aparece un crucero ingléspara rescatar a los chicos. Los oficiales se asombran de hallar a aque-llos niños ingleses pintarrajeados ycomportándose como salvajes. Todos menos Ralph, que llora muerto de miedo.

El Señor de las Moscas fue publicado en 1954 con algún éxito, aunque no tanto. Antes bien, constituye un rarísimo ejemplar de esa digna estirpe de libros olvidados por la crítica pero rescatados por los lectores. Su primera traducción al español apareció en Argentina en 1962 y no fue sino diez años más tarde cuando se editó en España. No tengo que decir que tampoco ha sido una novela bien entendida. Pertenece a la misma generación literaria que El Señor de los Anillos de Tolkien y La naranja mecánica de Burguess, con las que comienza a romperse la sequía creativa que padece la novela inglesa de posguerra. En principio, los críticos la catalogaron como una obra de fantasía científica. Otros acertadamente vieron en ella una sátira del motivo del buen salvaje, en la tradición de Tarzán de los monos, y más aún del Robinson Crusoe de Defoe o La isla de coral de Bellantyne, de la que se burla descaradamente. Sin embargo, la última crítica ha sabido ver en El Señor de las Moscas un clásico de la literatura distópica, colocándolo nada menos que junto a la Rebelión en la granja de Orwell, publicada casi diez años antes en pleno auge del estalinismo.

El cruel relato de Golding nos advierte contra los peligros del fascismo y la violencia, que al parecer se anidan en lo más profundo de nuestra propia naturaleza casi como un instinto.

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