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José Antonio Gil Yepes: Opciones para los venezolanos

Según las encuestas, la peor opción para el 80% de los venezolanos es que se consolide el chavismo-madurismo. Esta opción profundizaría hambre y enfermedades; la depresión o rabia que siente el 85% de los compatriotas; el miedo y la represión como mecanismos de estabilidad política; el desmantelamiento de la institucionalidad; y ya nos aisló de la comunidad internacional que nos tilda de dictadura. Pero siga leyendo, amigo chavista democrático, que todavía le quedan espacios para la esperanza. La segunda peor opción es un golpe militar. De los golpes hablaremos poco porque, de ellos, poco se sabe: ¿Quién lo lanza? ¿Quién lo gana? ¿Con qué agenda viene? Para la muestra basta un botón. ¿Qué harán los golpeados para volver? Pero, unos pocos (yo no!) insisten en que cualquier cosa es mejor que lo que tenemos.

Una buena opción es que el gobierno chavista madurista se siga auto- desestabilizando manteniendo sus políticas, que regrese la protesta por el retorno de la democracia y nos sentemos a negociar una salida electoral general. Sin embargo, esta opción no asegura estabilidad frente a un madurismo furioso y con planta ni manda un mensaje claro a la población de Venezuela y al mundo…

La mejor opción es que el chavismo madurismo busque salvarse de lo que les viene si siguen actuando por las malas y cambie sus políticas económicas y de concentración del poder por políticas de centro negociadas, que nos impulsen, inclusive, más allá del pluralismo perdido. Esta opción es la solución más estable porque la fuerza militar tendría que apoyarla; los chavistas democráticos (la mayoría de ellos) se reivindicarían; y los venezolanos y el mundo recibirían el mejor y más educacional mensaje: la confesión de la parte interesada de que el socialismo entendido como expropiaciones, centralismo y reparto rentista no sirve (Mitterrand). Lo que puede salvar al socialismo de su autodestrucción es la práctica del socialismo como solidaridad y entendimiento pluralista entre los sectores. Así superaríamos 500 años de historia en la que la solución de cambiar a quien gobierna ha cambiado muy poco cómo se gobierna.

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