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Carlos Raúl Hernández: La necedad no sale con votos

Como en la película deHitchcock una bandada de pájaros furiosos cayó encima de la Unidad por la decisión dramática y correcta de asistir a la elección regional. Proviene de los más diversos oficios, y de vocaciones tardías por la política, descubiertas por jubilados ahora guerrilleros off-shore y de redes. Estudiosos  de la personalidad, entre ellos Jean Piaget, afirman que loro viejo no aprende a hablar. Quien no inició en edad apropiada la “formación de estructuras básicas”, para el ejercicio de la cirugía, la política o la  latonería y acumuló destrezas y experiencias, difícilmente podrá ejercerlas con soltura. En la política es mil veces más grave, porque es el oficio más difícil. Presión de redes, páginas Web y otros poderes fácticos, confusión, discursos volátiles, y resucitó la misteriosa tesis calle-calle: sacar al gobierno con muchachos dedicados a encerrar vecinos en sus casas y quemar basura a un alto costo humano.

La sociedad se agredía a sí misma y creía afectar al gobierno (picaresco si no fuera trágico). Escena dos: aparecería el Arcángel Gabriel con espada flameante, al frente de coroneles que despiden al Gabinete y llaman a gobernar a aquellos que los insultan y amenazan a diario. Con estas húmedas ensoñaciones se renuncia a la acción gradual, pacífica y negociada, por el atajo de “Maduro vete YA” y los duros se pasan por el bigote todo lo ganado desde 2006. Sabemos que en el régimen predomina un núcleo radical, y en algún partido opositor hasta es requisito para la militancia proclamar que vivimos en dictadura. Si es así, cómo un ciudadano mayor de edad cree que una autocracia que se mofa del Estado de Derecho, que actúa por las malas, con fuerza bruta, respondería dolcemente al anuncio de que la sacarían de cuajo por vía extraconstitucional, la que a ellos les gusta, en la que se formaron.

¡Queremos errores nuevos! 
No digamos éste; tampoco gobiernos democráticos -Francia, España, Inglaterra o Italia-, aceptarían un plan explícito de derrocamiento, saqueos, incendios, barricadas. Menos una zambumbia militar imaginaria anunciada con considerada anticipación a los equipos de inteligencia por prensa, TV, redes, foros. ¿Con quién se cree que tratamos? Pasó que algunos excelentes doble A saltaron a las grandes ligas de sopetón y aprendices de brujo, no tienen idea de qué fuerzas liberan y no pueden ni saben controlarlas. Maldonado sobre un motor 1600 cc. y 600 HP. Alguien explicaba en Youtube “la hora cero”, y sonaba como Lenin en el tren de Alemania a San Petersburgo en 1917, y otros hacían disertaciones brillantes sobre “el 350”, “el referéndum popular”, la “huelga general”, “el trancón de 72 horas”. Nadie puede decir tamañas alucinaciones con tan aterradora coherencia, salvo en un guión de Buñuel.

Por eso tuvimos y tenemos constituyente. Maduro soldó las fisuras en el PSUV porque “detuvo el golpe”. No será por mucho tiempo. El país se desespera de hambre y al podemita que dirige la economía no le importa y consiguió donde practicar idioteces marxistas. Se zahieren las destrezas de  Pastor Maldonado, pero algunos resultaron a la conducción política lo que él a la F1. Nos estrellaron, después del siniestro hablan del fracaso de la vía democrática y despliegan aquel polvoriento backing de incuria política: “dictadura no sale con votos”. Lo que no sale con votos es la ceguera, la desinformación, la ingenuidad. Fracasaron otra vez los calle-calle, el paro petrolero, el retiro de candidaturas de 2005, la payasada de Plaza Altamira y el 13 de abril, las guarimbas, los trancones, los plantones. Dos décadas desgraciando la esperanza con las mismas simplezas para encubrir pifias y endosarlas.

“Si el país me lo pide…”
Se dice que los abogados encarcelan sus fallas y los médicos las entierran, pero los errores políticos pueden destruir naciones. La llamada antipolítica ciudadanos notables “escuchan”  un llamado trascendente para salvar el país, se meten a brujos sin conocer la yerba y en general no es para bien. Ya tuvimos a Adolfito, aquel cabo austríaco que era pura emoción patriótica y voluntad de poder. El Premio Nobel Joseph Schumpeter ya en la década de los 40 alertaba contra el peso muerto de las opiniones políticas de figuras mediáticas, de la farándula, el deporte, las artes, la ciencia, a las que nota “criterios políticos de niños de 8 años”. Aquí hemos tenido reggaetoneros como oradores de orden, para desconcierto del mundo que pudo enterarse. No es fácil que convoquen a Lady Gaga a una sesión del Senado norteamericano para analizar decisiones sobre el Medio Oriente.
Se ha dicho bastante últimamente. Umberto Eco, uno de los grandes pensadores del siglo XX, murió furioso con las redes “que le dieron voz a los imbéciles”. Para horror de Schumpeter y Eco, los neonotables fulminan sobre cosas de las que no tienen la más remota idea, por el llamado del corazón, con lo que hacen el más grande favor a autócratas astutos, maquiavélicos y autoritarios, que los utilizan a placer. Hay persecución en redes contra la Unidad y los candidatos a gobernadores y lo hace gente que ya ha intentado cuatro o cinco veces “salidas” rápidas, como la inolvidable de Pastor en Los Próceres. Y aunque sea con la pistola en la sien, hay que ir a las elecciones regionales. Alguien dijo que Eustoquio Gómez era “más bruto que un tiro de máuser”. Lástima que el comentarista no viva hoy.

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