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Gloria Cuenca: Deberes y derechos

Nos gusta a los venezolanos hablar de nuestros derechos. Casi siempre, sin fórmula legal alguna: “es mi derecho”, “tengo derecho a”. De los deberes se habla poco. Hasta recientemente, mucha gente no pensaba en la trascendencia que tiene el conocimiento de las normas jurídicas para la convivencia.

Mis contradictorios lectores saben: no soy abogada, ¡a Dios gracias! Estudié dos años de la Ciencia Jurídica, por eso respeto profundamente el trabajo de los juristas, además de tener la vivencia de mis dos padres muy amados, ambos abogados. Uso comúnmente lo que dice el Código Civil: “la ignorancia de la Ley no excusa su cumplimiento”.

Creo que es pertinente, en días cercanos a una nueva elección, saber que votar es un deber, y también un derecho. Ese es un elemento fundamental para entender por qué, aun en las peores condiciones, como ahora, debemos ir a votar. Sí, tengo el derecho de elegir a quien debe gobernar mi Estado. Fue algo luchado en la democracia civil y logrado. Así se rompieron cogollos, tan desacreditados por quienes auspiciaban un cambio en aquellos años confusos de finales de la década de los 90 y de fines del siglo pasado. Que se acabara la acción concentrada en la capital era el objetivo. Hubo luchas encabezadas por quienes ahora desdicen ese proyecto: me refiero a Zamora y Falcón, durante la Guerra de Federación, cuando se produjeron actos interesantes en relación con la modernización y el desarrollo del país.

Como si fuera poco, votar para los demócratas es un deber: de consciencia, razonamiento y de verdad política. Iremos en malas condiciones, como siempre, durante estos 18 años. Ninguna novedad. Por lo menos ahora estamos preparados. Les va a costar más de un dolor de cabeza hacer la trampa. No es como el 30 de julio, solos, apretujados en el Poliedro, cantando y diciendo mentiras, que ni ellos mismos se creen. Llegó la hora de demostrarle al mundo, una vez más, que los venezolanos demócratas somos capaces de luchar en todos los planos y desde todas las perspectivas. Votar, no hay que olvidarlo, es un derecho y un deber.

La conducta de no comprometerse, resultado de la abstención, entre nosotros no ha dado buen resultado. Lavarse las manos “a lo Poncio Pilatos” no tiene ningún sentido cuando hay luchas democráticas pendientes. Por mi parte, votaré en las primarias y en las regionales y en cuanta elección se presente, cumpliré con el derecho y el deber.

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