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Guillermo Ortega: La falacia del control de cambio

El principal argumento para defender el control de cambio, que ha venido operando en la economía venezolana por largas décadas, al menos en 90% de los últimos 34 años, es que el Estado genera el mayor porcentaje de divisas que ingresan al país y por ello hay que controlar la asignación. A primera vista pareciera un argumento incuestionable, con el atractivo del sentido común. Se desmonta el control de cambios y se fugan todos los capitales, señalan los que razonan de esa forma.

En realidad sucede todo lo contrario. Un esquema en que el tipo de cambio es la variable de ajuste en el mercado cambiario, permite justamente que sea el precio y no las cantidades, las reservas mantenidas por el BCV, las que ajustan el mercado. Eso lo sabe cualquier estudiante de economía, y es algo muy similar a lo que sucede en cualquier mercado donde se presente un exceso de demanda.

Es lo que ocurre con el control de cambios, donde por definición el ajuste se produce con un racionamiento de las cantidades. Al colocar un precio artificialmente muy bajo, el control crea los mecanismos de arbitraje que hacen posible que el Estado termine regalando la divisas de diversas de maneras.

Es cierto que el Estado genera un importante porcentaje de las divisas y puede regalarlas de la forma que desee, sea en forma de dólares para viaje o importaciones ficticias, pero lo que suele suceder racionando a través de una cola, es que los controles son la mejor forma para propiciar el arbitraje, la descripción técnica de eso que hemos conocido como bachaqueo, arbitraje en sus formas más variadas, público pero también privado, en las formas más curiosas, cupos viajeros, sobrefacturación, venta de activos externos en moneda local, etc.

Si el Estado subastara sus divisas más bien maximizaría sus ingresos y podría subsidiar en otras formas más eficientes. Pero el supuesto de partida, las divisas son del Estado y el sector privado simplemente las usufructúa, es en buena medida el pecado original. Es una falacia que podría calificar de ilusión estadística, una variante de apelar a la ignorancia.

Cierto que el país hoy depende del petróleo, pero Venezuela necesita mucho más que petróleo para su desarrollo. Incluso necesita fuertes inversiones en el sector petrolero para ser una potencia en esa industria. El control de cambios, al colocar una tasa subsidiada, genera dos víctimas notorias. La primera es la industria petrolera. Con un esquema de control de cambios, los diferenciales entre los tipos de cambio se convierten en un fuerte impuesto sobre el sector exportador de la economía. La segunda víctima es el resto de la economía, sectores que podrían ser atractivos por una u otra razón, por cuanto el control de cambio genera un sesgo contra la inversión en el país.

Los inversionistas tienen que entrar a una tasa y probablemente salir a una tasa más alta, por cuanto en el mercado controlado existe un fuerte esquema de racionamiento. Todo esto no implica que el control de cambios pueda justificarse en algún momento. Muchos países lo han utilizados y, en algunos casos, pueden ser exitosos. Pero no se puede abusar de ellos, menos cuando se tiene una política fiscal y monetaria que es básicamente inconsistente con un tipo de cambio fijo. El tiempo del control de cambio ya pasó.

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