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Víctor Álvarez: ¿Cómo parar la hiperinflación?

En la década de 1980, en Bolivia la hiperinflación llegó a 12.000% anual. Otros países de América Latina como Brasil, Argentina y Perú sufrieron inflaciones en torno a 2.000%, 4.000% y 7.000% anual. En aquellos tiempos, los economistas convinieron que se podía hablar de hiperinflación si los precios aumentaban a un ritmo de 50% mensual. Pero hoy vivimos otros tiempos en los que la inflación, en la mayoría de los países del mundo, ha sido abatida y se mantiene bajo control, por debajo de 10% anual.

Por lo tanto, aquellas referencias del 50% mensual perdieron vigencia y, en la actualidad, podríamos afirmar que un país que sufre en apenas un mes la inflación que otro país registra a lo largo de todo un año es aquel que está siendo devorado por la hiperinflación. Lo que si mantiene hoy en día más vigencia que nunca son las causas de la hiperinflación:

Recurrente déficit fiscal superior a 10% del PIB durante más de cinco años, lo que significa que el gobierno gasta más de lo que le ingresa y, por lo tanto, inyecta más poder de compra que el que sustrae por la vía del cobro de impuestos.

Impresión de dinero sin respaldo en la producción para cubrir el déficit, y al poner a correr mucho dinero atrás de pocos bienes esto dispara los precios.

Creciente desconfianza en el poder de compra de la moneda nacional. Nadie quiere bolívares que se vuelven sal y agua, esto acentúa el rechazo a la moneda nacional y la demanda de dólares en el mercado paralelo.

La aplicación de las medidas básicas que son de amplio consenso, creará el entorno económico necesario para erradicar las causas de la hiperinflación. No hace falta reducir el gasto social, congelar los salarios, reducir las pensiones ni aplicar medidas draconianas que recaen sobre la población más vulnerable. Con las siguientes medidas se frenaría en seco la hiperinflación:

1. Sincerar el tipo de cambio y el precio de la gasolina para corregir el déficit de Pdvsa, en lugar de financiarlo con emisión de dinero inflacionario por el Banco Central de Venezuela.

2. Eliminar el control de cambios y estabilizar una sola tasa para evitar que la formación de precios siga a merced de las especulaciones con el dólar paralelo.

3. Respaldar las mejoras salariales con aumentos en la productividad del trabajo para erradicar el círculo vicioso de aumentos-inflación-aumentos-inflación. En la carrera de los salarios tras la inflación siempre pierden los salarios.

4. Sustituir los ineficientes subsidios indirectos a los productos que estimulan el contrabando de extracción, por subsidios directos a los hogares pobres.

5. Sustituir el rígido control de precios que causa pérdidas, desestimula la producción y genera escasez, por una política de estímulo a la inversión y promoción de la competencia en calidad y precios que beneficie al consumidor.

6. Ajustar las tarifas de servicios públicos hasta cubrir costos de operación y mantenimiento para aliviar el déficit y evitar su inminente colapso.

7. Reducir el gasto militar, priorizar obras pendientes, eliminar gastos superfluos y aumentar los ingresos a través de una reforma tributaria para terminar de equilibrar la gestión fiscal.

8. Sin aun así quedara un porcentaje de déficit, hay que evitar su financiamiento con impresión de dinero inflacionario, lo cual pasa por recuperar la autonomía del BCV en la emisión de dinero.

9. Reestructurar la deuda externa y sincronizar los pagos futuros la evolución del ingreso petrolero y del ingreso externo por la vía de repatriación de capitales, inversión extranjera, exportaciones no petroleras y turismo internacional.

10. Negociar financiamiento con organismos multilaterales: FMI, BM, BID, CAF, etc.

Si estas medidas se toman en la secuencia y velocidad adecuadas, la hiperinflación será derrotada.

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