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César Malavé: No participar  sería  nuestra peor derrota

El pueblo venezolano, desde hace un poco más de 16 años, paga sanciones económicas, sociales y políticas. Las pagamos en inflación. En familias empujadas a la mendicidad o a la delincuencia. Las pagamos en hospitales sin gasa, aeropuertos sin aviones, puertos sin barcos, farmacias sin medicinas y panaderías sin pan. En las colas que deben hacer nuestros ancianos, a la intemperie, para cobrar una pensión de miseria, y encima atrasada. Las pagamos con la expulsión del Mercosur. La pagamos con el sagrado sacrificio: 124 vidas, más de 3.000 presos, perseguidos o exiliados, en apenas cuatro meses, de lucha en la calle por la libertad, camino que no dejaremos, aún estando en otras escenas de lucha. Pese a todo la nación, eso sí, volverá a levantarse de entre sus escombros y cenizas y, para intentarlo, en estos momentos la opción más legítima es la electoral, la hecha en casa, alternada con la presión de la comunidad internacional para una salida negociada, en paz. La participación cobra una vigencia injustificable. Sabemos que muchos se sienten sumergidos en la pesadumbre. Impotentes frente a la instalación del fraude llamado constituyente y que muchos piensan que se traicionó el sacrificio de la protesta, la sangre derramada de los jóvenes libertarios.

Es necesario salir de este letargo o de la de estar recriminándonos unos a otros, repartiéndonos culpas mientras se arrastra a la MUD hasta la hoguera. Actuar así es ceder a las mañas y perversidades del laboratorio oficial. Es declararnos poseídos por su brutal propaganda disociadora. Esa sí es una aplastante derrota, y lo pudiera ser definitiva si persiste en el tiempo, y en la abdicación social. Que el gobierno haya podido despejar las barricadas, no extingue el malestar colectivo, a punto de cobrar expresiones apocalípticas. La destitución de alcaldes a mansalva sólo le hará más pesada la carga  de resolver el salvaje colapso de los servicios públicos, y administrar en tiempos de una sequía financiera que no tardará en tocar fondo. La presión internacional ahora es bárbara. Echados del Mercosur, expuestos a una inflación que derrite cada día nuestra moneda, la sanción, económica, política y moral, que llueve desde el resto del Continente y Europa, ante la ruptura del orden democrático, sorprende desnuda a una Venezuela  con apenas 845 millones de dólares en reservas monetarias en efectivo y cuya deuda total presenta extremos de síncope: 193.000 millones de dólares, el 97% del PIB de 2017. Definitivamente la economía levantará barricadas forzosas. Sobre “esa madera” debe arder como luz poderosa la esperanza del país, en el logro de su ansiado rescate. Es necesario romper con la apatía y disponernos, como lo hicimos el 16 de julio a salir a demostrar a la dictadura que somos mayoría en esta próxima cita electoral. Nada de inercia y desconsuelos. Esa sería nuestra peor derrota.

@ftovar432

cesarmalave53@gmail.com

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