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Daniel Santolo: La culpa es de la vaca

Después de más un mes de haber culminado las protestas de calle, creo que es tiempo de realizar alguna evaluación de esta política impulsada desde algunos sectores de la unidad, y comienzo por decir, para aclarar y no dejar dudas de mis puntos de vista, que lo más grave que nos ha podido suceder es querer convertir a la Mesa de la Unidad en algo así como una religión, algo sagrado, que no puede ni debe ser cuestionado, que de lo que de allí emane es palabra cierta, lo que lleva en consecuencia para los que osamos realizar alguna crítica hacia la política que de ella emana, se convierta en una herejía, siendo echados a la hoguera de los impuros, de los traidores y al final al ostracismo. Religión, que como debe ser, cuenta con algunos sacerdotes que se creen infalibles y tocados por la providencia, teniendo ellos solos la verdad, por lo que les es imposible equivocarse y mucho menos rectificar.

La política y más aún la acción política implican responsabilidad, la que se refleja en el asumir, tanto los triunfos como los fracasos. Pero pareciera que aquí los fracasos no tienen dueños, pero si dolientes. Uno ve en los países hermanos, y un poco más allá, en Europa, como los líderes y jefes de partidos que son derrotados en campañas electorales, o consultas refrendarías, en pocos minutos aparecen frente los medios de comunicación para asumir su derrota y dimiten ante su militancia y el país, pidiendo excusas por no haber logrado los objetivos políticos que fueron planteados, como era lograr ganar una contienda electoral, y eso no trae ningún desbarrancamiento de sus organizaciones políticas, muy por el contrario se renuevan y fortalecen, ya que asumen con seriedad frente a sus seguidores, tanto sus aciertos como sus errores, algo que es normal en política, pero en nuestro país es cosa impensable.

Siempre recuerdo el libro que se convirtió en un best seller en nuestro país, “La culpa es de la vaca”, esto gracias en parte a nuestra idiosincrasia, y a ese geniecillo que nos dice al oído que no somos culpables de nuestras desgracias, los culpables son otros, así las provoquemos nosotros mismos. Me parece escuchar hacia sus adentros a los sacerdotes de la política de la MUD repitiéndose esa frase, “la culpa es de la vaca”, les es imposible solo pensar en que han sido ellos los culpables del fracaso o de la derrota, que son los otros que se equivocan, que ellos lo dieron todo y no fueron entendidos, que como es posible que sean unos incomprendidos, todo un drama debe recorrer en sus cabezas.

Como ejemplo de ello tenemos la última cruzada conque algunos de los sacerdotes de la MUD llevó a la población opositora a movilizarse, generando toda una política de calle con la intención de frenar la elección de la asamblea constituyente convocada por el gobierno, llamando de forma desaforada a la población a salir a la calle, diciéndonos a diario que esta elección sería el fin, el acabose, la batalla final, se llenaron la boca convocando horas cero y huelgas generales, entre otros dislates,  ya que la elección de esa asamblea nos llevaría a la destrucción total, y luego de un montón de marchas sin destino y de enfrentamientos sin sentido, el 04 de agosto se instaló la ilegal e inconstitucional asamblea constituyente, y hasta los momentos no he visto a ninguno de los sacerdotes de la MUD que impulsaron la política de calle (marchas, trancas, autosecuestro,  y todo aquello que a la gente se le ocurriera), decir qué pasó con el ofrecimiento de que esta sería la forma de detener la elección de la asamblea.  No decir absolutamente nada es más que irresponsable, por lo menos decirnos si hubo equivocación o no, ¿tendrán o habrá algo que decir?

Pero para aquellos que planteamos la negociación como recurso democrático para lograr detener esta elección sin violencia, fuimos echados a la hoguera en donde son incendiados todos los que osan ir en contra de los designios de los oráculos del twitter, que apoyan a los sacerdotes de la MUD en cualquier acción irracional, mientras esta sea lo más espectacular posible, como si estuviésemos en un reality show. Y entonces ¿qué pasó?, cómo es eso de que tenemos asamblea constituyente y el mundo sigue girando como si nada, muchos pregonaron que faltaba poco para el fin de la dictadura, el acabose del gobierno, que ahora sí caía el régimen, que faltaba poco, que había que mantenerse en la calle hasta el final, y ¿entonces?, los convocantes ¿no tienen nada que decir?

Si no es una derrota más de 100 días de protesta insurreccional, que lo único que nos dejó fueron más de 130 muertes de inocentes, un país en mayor ruina, urbanizaciones que se autosecuetraron, que los abastos no tuviesen mercancía por no poder recibir los despachos, que los escombros y la basura que los mismos vecinos se echaron encima siguen allí, la destrucción de urbanizaciones enteras en manos de las fuerzas represivas del estado, negocios saqueados y cerrados contribuyendo a la pérdida de empleo de los más pobres, perdida de algunas de las alcaldías más importantes del país, con alcaldes exiliados y huyendo, que por cierto hay que reconocer que de estos alcaldes el único que actuó gallardamente se encuentra en un calabozo del SEBIM, Alfredo Ramos, que se enfrentó a sus secuestradores; y la guinda que nos faltaba, la de Donald Trump colaborando con el régimen haciéndonos más pobres, y todo eso diciéndole a la gente que había que mantenerse en la calle para que la constituyente no se instalara; y ahora veo en la TV a Delsy Rodríguez en cadena nacional asumiendo la presidencia de la misma, me pregunto ¿valió la pena?

¿Qué alguien me diga dónde están los éxitos de esta política del enfrentamiento irracional? ¿Es que no hay nadie de los convocantes que salga a decir en qué se equivocaron? Que por cierto ahora algunos de ellos y ellas salen con el cuento de la no participación electoral, siendo lo electoral el único terreno donde se ha derrotado al régimen sin dejar muertos ni heridos, la lucha electoral es y será la única ruta para desalojar del poder a quienes hoy circunstancialmente lo detentan. O será que estos oráculos y sacerdotes de la “verdad”, nos quieren conducir a más derrotas, para luego lavarse las manos y echarle la culpa, nuevamente, a la “vaca”.

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