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Frank Muci ¿Por qué escasea el efectivo en Venezuela?

Aunque el gobierno insista en la existencia de “mafias de billete” y en “sabotaje económico”, el Banco Central de Venezuela (BCV) es el único responsable de la escasez de billetes. Así lo demuestran las cifras que publica la propia institución.

Si bien es cierto que el BCV ha inundado la economía con nuevos billetes en los últimos años, no es menos cierto que la liquidez monetaria, los precios, y el tipo de cambio han crecido aún más rápidamente. En consecuencia, el valor real del efectivo en la economía ha colapsado tanto que simplemente no alcanza. Es un punto sutil: aunque el gobierno imprima billetes a un ritmo monumental, crea aún más dinero electrónico en el sistema bancario para financiar el gasto del gobierno y así diluye el valor del efectivo. Es por eso que la proporción de efectivo frente a la liquidez monetaria total ha caído del promedio histórico de 13% a 8%.

¿Cuáles fueron los errores de política monetaria que llevaron a la escasez de efectivo? ¿Por qué el BCV no ha podido seguirle el ritmo a la inflación y la liquidez monetaria si imprime tantos billetes? Por dos razones fundamentales.

En primer lugar, el BCV tardó demasiado en actualizar el cono monetario e imprimir billetes de mayor denominación. Con inflación anual de dos y tres dígitos, era imposible seguirle el ritmo a la inflación para siempre. Según podemos inferir de la data, el BCV debió haber introducido nuevos billetes hace al menos cinco años: en el 2012.

Para ese año, el cono monetario ya estaba desactualizado y el BCV se vio obligado a aumentar el número de billetes un 38% por venezolano —una cifra escandalosa— para satisfacer las necesidades de la economía.

El 2013 fue peor. Ese año, por no actualizar el cono monetario, el BCV tuvo que aumentar el número de billetes per cápita en 52% para satisfacer la demanda. Y así siguieron por tres años más. En 2014 los billetes per cápita aumentaron 24%, en 2015 lo hicieron en un 91% y un 45% en 2016.

El resultado de negar la realidad y posponer la inevitable actualización del cono monetario es que Venezuela hoy tiene 444 billetes per cápita cuando Colombia tiene apenas 55 y México 36. El gráfico demuestra el crecimiento absurdo de los billetes en la economía:

 

Actualizar el cono monetario tan tarde fue un error costosísimo, y es comprensible que la gente esté molesta. Hoy más que nunca hace falta efectivo con poder de compra. Hay cantidades de negocios (especialmente en el interior del país) que no tienen punto de venta y los que sí tienen no funcionan cuando se va la luz o se roban la fibra (los cables) que los conecta al sistema de pagos. Y para colmo, no hay dólares para importar puntos de venta nuevos ni para reemplazar los que se van dañando. El inconveniente es aún peor para los venezolanos que no tienen cuenta bancaria ni tarjetas de débito o crédito. Para esta población, que suele ser la más pobre, el efectivo es absolutamente esencial.

Pero el error no solo le costó caro a la gente sino al gobierno. Al posponer la actualización del cono monetario, el BCV gastó un dineral imprimiendo un mar de billetes sin valor. Si el BCV hubiese parado la impresión inútil de billetes y mantenido el número per cápita de diciembre de 2011, habrían unos 12000 millones de billetes menos en la economía (87% menos, o solo 13% del total actual). Si asumimos que cada billete costó 12.5 centavos de dólar (el costo promedio del billete más barato y más caro de la Reserva Federal de EEUU), no actualizar el cono monetario le costó al BCV unos 1500 millones de dólares.

Eso es quizás el 10% del total de todas las importaciones de la economía Venezolana este año: una barbaridad. La mala gestión del BCV no solo dejó a Venezuela sin efectivo, sino que la gracia le costó 1500 millones de dólares en importaciones a los venezolanos.

La segunda razón fundamental de la escasez de efectivo es que ningún cono monetario, actualizado o no, puede aguantar una inflación de 1000% de inflación o más. Cuando los precios se multiplican por diez o más en un año, el efectivo nominal en la economía tiende a aumentar en la misma proporción de modo que se mantenga la cantidad de efectivo real en la economía. Para lograr eso, el BCV tiene dos opciones: o introduce billetes de mayor denominación todos los años o gasta los dólares que no tiene imprimiendo más y más billetes sin valor.

Por ahora, el BCV está optando por lo segundo. No obstante, la realidad sigue en marcha y el billete de 20.000 bolívares que acaba de salir ya vale apenas $1.30 al tipo de cambio paralelo. O el BCV se le adelanta a la inflación y comienza a planificar para la introducción de billetes de 50.000, 100.000, 200.000 y 500.000 a la economía, o la escasez de efectivo se agudizará en un abrir y cerrar de ojos.

El gobierno culpa a “especuladores” y “mafias” de la escasez de efectivo, alegando que venden efectivo por hasta 35% más de su valor facial. Esta lógica no tiene sentido. Si de verdad hay gente revendiendo efectivo con una prima, es una consecuencia de la escasez de efectivo, no la causa.

Después de tantos años con controles de cambio y precio, deberíamos saber que cuando las cosas escasean su precio sube y aparecen oportunidades de negocio. El dinero físico no es una excepción. Que el gobierno voltee la causalidad y diga que supuestos revendedores de efectivo son la causa de la escasez y no una consecuencia es parte de la misma desinformación y propaganda a que nos tienen acostumbrados.

Como tantos otros errores en la gestión de la economía, la escasez de efectivo afecta desproporcionadamente a los más vulnerables de la sociedad: a los más pobres, a quienes no tienen cuenta bancaria y dependen del dinero físico. Sin suficiente efectivo, estos ciudadanos tienen que ingeniárselas o remitirse al trueque: una práctica costosa e ineficiente que no tiene razón de ser.

Que falte el efectivo es un dolor de cabeza innecesario para una Venezuela que ya está sufriendo la peor crisis económica y social de su historia.

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