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Jesús Alberto Castillo: ¿Y dónde está Ramón?

Es impresionante el gran impacto que ha tenido la inscripción de Ramón Martínez como candidato a la Gobernación en la psiquis colectiva del sucrense.  Mucha gente lo añora para que rija nuevamente las riendas de esta maltrecha región. La explicación a este fenómeno, de acuerdo a nuestro punto de vista, obedece a tres razones fundamentales: a) su exitosa gestión en materia de salud, vivienda y desarrollo comunitario, b) la ausencia de un liderazgo alterno y c) el carisma personal del candidato. De manera que si las elecciones fuesen hoy, no habría duda que el llamado “Guerrero” ganaría contundentemente la gobernación de Sucre.

Por eso se ha orquestado una campaña, desde laboratorio de guerra sucia, para crear en la conciencia del electorado que Ramón Martínez no vendrá al estado Sucre ante una posible orden de captura en su contra. Lo han hecho justificando las constantes videoconferencias que “El guerrero” hace con sus allegados. Ésta bien delineada campaña hasta ha sido compartida por propios y extraños para evitar el triunfo evidente del exgobernador que se respira por doquier. Por supuesto, que el juego de la política se presta para eso, porque encierra habilidad, intereses, traiciones y lealtades. Así de compleja es la naturaleza humana, mucho más cuando se entrelaza en la esfera pública. A pesar de esas adversidades, no habrá duda que Ramón Martínez sabrá evadirlas y avanzar firmemente en su propósito.

Lo interesante de todo esto es que por primera vez los sucrenses estamos presenciando una campaña muy sui generis donde un candidato hasta ahora virtual ha penetrado hasta el tuétano de los electores, particularmente de los estratos más populares, incluso entre muchísimos jóvenes que no lo conocen pero que han oído hablar de su laboriosa gestión como mandatario regional. Es digno de un estudio por parte de politólogos y especialistas en opinión pública.  Hasta ahora la memoria colectiva del sucrense sigue intacta recordando los logros exitosos que Ramón Martínez impulsó con su emblemático “Cambio de Rumbo”, ejemplo a seguir por muchos gobernadores en Venezuela. He allí su gran fortaleza. El electorado necesita a un estadista, a alguien que no venga a improvisar sino a restearse con su pueblo y poseer un liderazgo capaz de exigir reivindicaciones claves para el desarrollo de la región.

Una cosa que está clara es que Ramón Martínez no tiene ningún juicio penal en su contra. Sólo fue víctima de una inhabilitación política de 8 meses en el año 2010, por parte del finado contralor Clodosbaldo Russián, al no declarar su patrimonio cuando aspiraba una curul en el entonces Congreso de la República. A pesar de que esa inhabilitación caducó permaneció un bloqueo en sistema del CNE que impedía la postulación de “El guerrero” para un cargo de representación popular. Gracias a las gestiones de Felipe Mujica, Secretario General del MAS, y Henry Falcón, Jefe de Avanzada Progresista, se superó ese obstáculo y Ramón pudo inscribirse como gobernador. Hoy representa una verdadera amenaza para sus contendores. Por eso es víctima de una campaña sucia. Como Ramón es un estratega, no caerá en ese peine y dará oportunamente la cara ante ese gran electorado que lo aclama.

“El Guerrero” ha venido hablando de que con su gestión no habrá perseguidos ni perseguidores. También ha dicho que viene a dar un cambio para reconstruir a la entidad federal. Viene a democratizar las instituciones públicas y promover el recuentro de todos los sucrenses, independientemente de su posición política. Pues, al final, Ramón va más allá de ser un candidato de partidos para convertirse en el de todos los sucrenses, quienes aspiran mejorar sustancialmente su calidad de vida. Esperemos que en las próximas horas “El Guerrero” nos siga dando sorpresas en su muy peculiar y exitosa campaña electoral. No hay que olvidar ese pasaje bíblico donde Jesús se le apareció nuevamente a sus discípulos y le dijo a Tomás “Mete tu dedo en mis heridas y no seas incrédulo. Tomás porque me has visto creíste. Bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

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