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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Revolución y crisis capitalista (29-08-2017)

Aunque no somos partidarios de establecer paralelismos históricos, ya que cada época tiene sus propias características y condiciones, es interesante constatar cómo suelen repetirse algunas líneas gruesas de la Historia en torno a situaciones globales, por ejemplo, cómo todos los imperios han entrado en períodos de crisis global, integral y terminal que llevan ineluctablemente a su caída y en consecuencia a la recomposición geopolítica de sus áreas de influencia, que en el caso del Imperio capitalista ha terminado siendo el mundo todo.

Hoy vamos a aventurar una breve indagación en torno a las crisis imperiales que antecedieron (o acaso abrieron paso) tanto a la guerra de independencia de América, en el primer cuarto del siglo XIX, como a la actual lucha continental por retomar y reformular la independencia, que dio inicio a una nueva etapa a finales del siglo XX.

En la primera década de aquel siglo XIX se dio la eclosión de la crisis terminal del imperio español. Según Anthony McFarlane, académico de la Universidad de Warwick (Inglaterra), “… para los historiadores resulta cada vez más claro que la transformación de las colonias hispanoamericanas en Estados independientes se originó en la inesperada caída de la monarquía borbónica de España en 1808”. McFarlane otorga especial importancia a la actitud y el comportamiento de las fuerzas militares españolas durante los años críticos de 1808 a 1810, cuando la monarquía española se vio envuelta en una crisis generalizada. Derrotada su flota en Trafalgar a manos de los británicos en 1805 y su ejército en su propio territorio a manos de los franceses en 1809, España no estaba en las mejores condiciones para enviar refuerzos a cruzar el Atlántico y ayudar a reprimir a las fuerzas alzadas contra sus gobiernos coloniales en América. Ocupada por los ejércitos franceses y con un gobierno interino de dudosa autoridad que se oponía a las fuerzas invasoras, España tuvo que dejar que sus gobiernos coloniales defendieran sus propios puestos con los recursos que tuvieran a la mano. Se otorgó a los ocupantes de las colonias un papel central en su propia defensa, convirtiéndolos en una ciudadanía armada y lista para mostrar lealtad a la Monarquía española defendiendo sus territorios en tiempos de guerra. En esa perspectiva, se elevó el nivel de participación militar en las sociedades coloniales o, en términos más amplios, se militarizó a las comunidades coloniales americanas exigiendo que todos los hombres aptos para hacerlo se alistaran en unidades de milicia y se entrenaran en el uso de las armas.

Si nos trasladamos a la época contemporánea, vemos que nos hallamos ante una crisis general capitalista, la primera de una magnitud comparable a la que estallara en1929 y a la llamada “Larga Depresión” de 1873-1896. Se trata de una crisis integral, civilizatoria, multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos son de mayor envergadura que las que le precedieron.

Este proceso tuvo algunos antecedentes en la crisis mexicana en 1995 conocida también como la crisis “Efecto tequila”, en 1997 en la crisis financiera del Sudeste Asiático con repercusión y resonancia en otras regiones del mundo, en la crisis rusa de 1998, en la crisis brasileña de 1999 conocida como efecto de samba y la crisis argentina del 2001 de la cual se habló mucho debido a su corralito financiero. En ese año 2001 la economía norteamericana fue muy afectada por la crisis de la Empresas DOT.com y del sector de las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación. Se iniciaría allí un proceso de deterioro que se profundizó con el posterior surgimiento de dos burbujas, una relacionada con el mercado inmobiliario y otra con el crédito. Y con los primeros síntomas de recesión en el sector de la vivienda y el alza de tipos de interés, se ampliaron los problemas. A la crisis financiera se sumó una crisis de confianza y una pérdida de credibilidad no menos dañina. Como toda gran crisis económica capitalista, la actual ha traído consecuencias nefastas: destrucción de fuerzas productivas, ruina, desempleo a nivel global, y su impacto ha sido mayor allí donde las leyes del mercado funcionan con crudeza no atenuada por la voluntad política de proteger a la población y reducir el impacto sobre ella. Es el caso de las crisis de los gobiernos neoliberales de América Latina, que comienzan a derrumbarse en los albores del siglo XXI, dando paso al crecimiento y empoderamiento de fuerzas progresistas y nacionalistas en todo el continente.

La crisis estructural y global del imperialismo puede ser también una oportunidad para avances en la lucha antiimperialista y anticapitalista, si son aprovechados por las fuerzas políticas el descrédito y desgaste que para el sistema implica la quiebra económica, la falsedad de su discurso prometedor de riquezas, la reiteración de crisis periódicas que destruyen fuerzas productivas y que ahora se funden con muy peligrosas tendencias a la destrucción de las condiciones para la vida en el planeta. Puede ser también un factor favorable para el avance de la integración latinoamericana y caribeña como defensa regional frente a la crisis que desde Estados Unidos y las economías desarrolladas, se exporta a la región.

Es en ese contexto que se requiere comprender la importancia de la Revolución Bolivariana en la época actual. Tal como ocurrió a principios del siglo XIX con el imperio español, la crisis global e integral del capitalismo genera grandes dificultades al imperialismo yanqui para intervenir militarmente contra Venezuela. Por eso ensaya otras formas de intervención, como las sanciones económicas, lo cual ya aplicó ante la imposibilidad de intervenir directamente en Cuba, en otro contexto, por supuesto. Y tal como ocurrió en aquella circunstancia, la intervención militar directa trata de ser sustituida por fuerzas militares internas en los países, como ha pasado en Venezuela con los comandos paramilitares y guarimberos de reciente actuación.

Que la Revolución Bolivariana salga victoriosa en esta difícil coyuntura representaría un hito de dimensión histórica para toda la Humanidad, en el sentido de la lucha mundial antiimperialista y anticapitalista. Acaso le toca jugar a Venezuela el mismo papel cimero que desempeñó en la guerra de independencia, en la primera mitad del siglo XIX. Como hemos dicho más de una vez, quien no entiende esto no entiende nada.

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