Inicio > El pizarrón de Fran > Enrique Ochoa Antich: Las falacias del diálogo

Enrique Ochoa Antich: Las falacias del diálogo

La primera falacia suele decirse que el diálogo se debe a las guarimbas. ¡Mire usted! Es decir, el diálogo se produciría gracias a quienes han dicho hasta la saciedad que no apoyan ningún tipo de diálogo… a menos que el gobierno acepte una larga lista de demandas a la que sólo falta agregar una: La renuncia del Presidente Ahora que se ha producido el inevitable deslinde, ahora que en la oposición se han separado las aguas entre quienes creen (creemos) en el diálogo y quienes no, vale la pena comentar y rebatir algunas falacias cuando no mentiras rampantes que algunos -no siempre con buena intención- hacen al respecto.

Comienzo por decir que el diálogo debe ser para la oposición una política (es decir, una política propia) y no sólo una reacción a una propuesta que se formula desde el gobierno. Es lo coherente si habla de unidad y, como aprobó la MUD luego de largos debates en los partidos de los que formé parte, de un Gobierno de Unidad Nacional, chavismo incluido. Por mi parte, el 24 de abril de 2013, diez días después de las elecciones presidenciales del 14A, publiqué aquí una columna titulada “Dos países (diálogo, por favor)” en que dejaba ya sentada mi opinión al respecto (así que cuanto he escrito y dicho últimamente no es en mí nada nuevo).

Y tal vez ésa es la primera falacia: Suele decirse que el diálogo se debe a las guarimbas. ¡Mire usted! Es decir, el diálogo se produciría gracias a quienes han dicho hasta la saciedad que no apoyan ningún tipo de diálogo… a menos que el gobierno acepte una larga lista de demandas a la que sólo falta agregar una: la renuncia del Presidente. Cambio de régimen ya, dicen los de “la salida”. O sea, que este diálogo que sólo inicia se debería a los sucesos posteriores al 12F.

Como “la salida” no llegó sino a “entrada” pues en vez de lograr el derrocamiento del gobierno le ofreció coartadas de todo tipo para prolongarse en el poder, entonces se busca compensar el fracaso con victorias ficticias: “Maduro no va a renunciar pero hablan muy mal de él en Estocolmo”, “no triunfamos pero si persistimos y no nos cansamos quién sabe”, “fíjate que el gobierno aceptó sentarse a dialogar debido a las muertes… que no han sido en vano”, así hablan.

¿Y cómo queda el hecho objetivo de que Maduro haya planteado formalmente y en cadena el 19 de diciembre de 2013 la necesidad de diálogo entre el gobierno y la oposición? Tengo aquí en mi poder un documento de la MUD de finales del año pasado en el que se refería al tema y otro que yo mismo escribí del 5 de enero próximo pasado titulado “El diálogo: una política” queriendo decir así que no debe ser una reacción sino una política propia, y allí al final de sus ocho cuartillas escribí: “De estos parámetros, y como quiera que Maduro y su gobierno han formalizado esta propuesta, se desprende que la oposición debe asumir y propiciar el diálogo entre el gobierno y la oposición como una orientación principalísima” para propiciar la despolarización y la conquista del voto chavista que la convierta por fin en mayoría social y electoral. Subrayo: “y como quiera que Maduro y su gobierno han formalizado esta propuesta”.

Así que no es verdad que el diálogo sea el curioso y paradójico resultado de la acción de quienes no están de acuerdo con él, como falazmente suele decirse, sino una política que discutía ya la oposición antes de que tuvieran lugar las guarimbas y violencias (una de cuyas motivaciones más bien era torcerle el rumbo a la estrategia democrática opositora). Abundan falacias como ésta pero el espacio no alcanza. Ojalá que la verdad prevalezca por sobre la mentira y el cinismo. El diálogo depende en buena medida de que así sea.

Te puede interesar

Compartir