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Tulio Monsalve: La violencia histórica

La mayoría de los fenómenos sociales que hoy pesan sobre nuestra conciencia, por ejemplo, la violencia y odio; debemos pensarla en relación con su origen en los procesos de la historia del país. Lo que padecemos en el presente es solo efecto de profundos traumatismos que han hecho impacto y están anudados en nuestro inconsciente colectivo como sociedad.

Para Gustav Jung, es un sustrato común a los seres humanos al haber compartido símbolos de una historia común, que luego termina por expresarse en formas que están más allá de lo consciente.

Tema que de forma muy clara y honesta, como fue su vida, nos ilustra Orlando Araujo en su libro Venezuela violenta: cómo pensar y meditar sobre la violencia en un país tan violento como el nuestro, sin romper el tabú que “custodia” la academia interesada en el tema. Es difícil atreverse a discutir sobre el destino de esta sociedad en la que muchos se han jugado -y hoy se vuelven jugar- todas sus cartas a la violencia y odio alimentados como única solución.

Y deliberadamente quieren escamotear uno de los temas que la originan. Por ejemplo, la política petrolera -única fuente real de producción de divisas que sostiene y seguirá sustentando nuestros capitalistas- sobre todo en “una sociedad tan aceitada como la nuestra”. No calificar el petróleo como fuente de poder es violencia.

Hoy se vuelve a legislar en la ANC sobre el tema de la violencia y el odio. Pareciera que insisten en que la nueva ley se motiva en la bárbara guerra de 105 días, lo cual es parcialmente cierto. Pero no se puede olvidar que la violencia en

Venezuela y en casi toda nuestra América, tiene raíces en nuestra conquista y colonia.

Resalta cuando nuestros patricios firman el acta de Independencia en la Capilla Santa Rosa de Lima (Caracas, 1811) y con violencia fijan “conservar los derechos de Fernando VII para formar un gobierno constitucional independiente”. En origen, este acto ya venía maniatado por el primer trance de violencia de nuestra historia: su reglamento electoral. Se elegían los miembros de la Asamblea y establecía formas clara de violencia social, pues solo votaban los hombres libres, mayores de 25 años y propietarios de bienes raíces. No hubo voto para las mujeres, ni los esclavos, ni la gran mayoría de la población carente de bienes de fortuna.

En nuestra inconsciente hay un tejido diabólico de violencia y odio histórico. Cuidado.

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