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Rafael Guerra Ramos: Sobre la represión

De la Comisión Internacional de Derechos Humanos, del Foro Penal Venezolano promovido por la OEA y, más recientemente, de una importante reunión de diversas ONG (Estudiantes por la Libertad, Familiares de Presos Políticos, Todos por la Libertad, Justicia y Perdón), proviene abundante información sobre la situación represiva y la grave violación de los derechos humanos desde los tiempos de Chávez, agravada en el último trienio: 133 muertos en las manifestaciones de calle entre abril y julio; cerca de 4 mil heridos y lesionados, más de 5 mil detenciones. Actualmente, 645 presos políticos.

Conozco a través de testimonios fehacientes y directos de la saña represiva contra los adversarios del régimen (“enemigos”, según su concepción); de crueles torturas, de tratos inhumanos en las cárceles, de maltratos y humillaciones contra sus familiares; así como de la extorsión y chantaje de carceleros, fiscales y jueces nunca antes vistos.

En el amplio espectro represivo participan no solo los cuerpos policiales sino también la Contraloría General y la institución judicial. Desde la inhabilitación política, el secuestro, la tortura, la prisión y el ajusticiamiento extrajudicial, hasta la desaparición, como es el caso del general Baduel, de quien, por cierto, nada se sabe desde hace más de 15 días.

A propósito de esto, la práctica de la desaparición del detenido está entre las más abominables y crueles. Es someter al infierno de la incertidumbre y de la angustia tanto a la víctima como a su entorno familiar, de amigos y allegados que ignoran cómo y dónde está, si vivo o muerto.

De esa cruel vesanía, que es delito de lesa humanidad, ¿qué duda cabe? Es responsable todo el andamiaje institucional del régimen: Maduro, el ilegítimo TSJ, el ilegítimo Fiscal General y fementido Defensor del Pueblo y el alto mando militar.

Habrá quien asuma un día la responsabilidad de escribir el libro negro de este régimen, como lo hizo, con coraje y verdad, José Agustín Catalá contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Desde luego, en el próximo compromiso electoral de la oposición la denuncia contra la represión habrá de ocupar lugar preferente, por ser una de las motivaciones más sensibles de la unidad y de la lucha por el restablecimiento de la legalidad democrática.

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