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Néstor Francia / Análisis de Entorno: El príncipe de Jordania (01-08-2017)

Dentro de la brutal campaña internacional contra Venezuela, agudizada después de que la conspiración terrorista de la derecha interna resultara derrotada recientemente, aparece ahora el Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, Zeid Ra’ad al Hussein, repitiendo toda la sarta de falsedades que la oposición venezolana se ha encargado de regar por el mundo     , en torno a la mencionada conspiración violenta contra     el gobierno de Nicolás Maduro y poniendo en duda el carácter democrático de nuestro Gobierno.

Más de una vez nos hemos referido a este tema de la “democracia”, uno de los más manidos por el imperialismo para justificar sus agresiones destinadas a saquear los recursos de las naciones e imponer su decadente y corrupto sistema de vida. La democracia burguesa, representativa, que lamentablemente aun es dominante en nuestro país, es uno de los mitos más preciados por la contrarrevolución mundial en su intento de prolongar su reino de opresión, muerte y destrucción. El único antídoto real contra ese flagelo no es otro que el avance y la profundización de la democracia real, la democracia revolucionaria, que privilegia la participación y el protagonismo político del pueblo. Democracia directa, poder de las bases populares, socialismo es el único remedio para la grave enfermedad que padece la Humanidad bajo el yugo del capitalismo.

Pero hoy no vamos a ahondar en ese debate vital e imprescindible. Recordemos más bien quién es este personaje, agente del imperialismo, que está al frente de la inefable Comisión de Derechos Humanos de la ONU, una de las tantas herramientas con que cuenta el Imperio en su entramado de organismos internacionales que utiliza como le viene en gana para respaldar sus trapisondas.

Su Alteza Real el Príncipe Zeid Ra’ad Zeid Al-Hussein es un aristócrata del Reino de Jordania y no pertenece a una rama cualquiera de esta dinastía medieval. Es el hijo del Príncipe Zeid de la Casa Hachemita y de la princesa turca Fahrelnissa Zeid, y es heredero de las Casas Reales de Irak y Siria. En materia de represión, el Príncipe Zeid sabe mucho, muchísimo. En 1989, el rey Abdala II le encargó la dirección  de la Policía del Desierto de Jordania (la sucesora de la Legión Árabe) y cumplió servicio hasta 1994. La aparentemente exótica policía del desierto, que dispone de 4 000 hombres y que con frecuencia usa camellos, patrulla las áreas desérticas (cuatro quintas partes del país) donde hace reinar el orden del régimen. En su función de alto oficial de policía, Zeid estuvo en contacto cotidiano con otra policía, la que hace temblar a los opositores del gobierno real: el Departamento General de Inteligencia de Jordania (GID) -conocido como el Mukhabarat-, la temible inteligencia jordana. La que “persigue, encarcela, tortura e incluso mata a todo aquel al que consideren un peligro para el gobierno”, según el testimonio reciente de un disidente refugiado en Londres. El GID tiene una reputación de crueldad que ha provocado severas críticas de grupos de derechos humanos.

No es ningún secreto que Jordania es el país más pro-norteamericano en el mundo árabe. Siempre fue un aliado de Estados Unidos, a tal punto que se dijo que el fallecido rey Hussein -el abuelo de Zeid- se encontraba en la nómina de la CIA. La capital de Jordania, Amman, sirvió como base para las operaciones de desestabilización de la CIA contra Saddam Hussein e Irak. Allí se encuentra una de las más grandes embajadas yanquis en el mundo, una verdadera fortaleza imperial.

El GID trabajó con agentes de inteligencia estadounidenses interrogando a sospechosos y ha cooperado con las operaciones que enviaron cientos de presos a Guantánamo.

Al dejar su puesto con la policía del desierto, Zeid fue delegado por Jordania en territorio de la ex Yugoslavia, donde  desempeñó el cargo de Oficial de Asuntos Políticos en el UNPROFOR (siglas en inglés de la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas) – asociada a la OTAN – desde febrero de 1994 hasta febrero de 1996. Ahí tuvo que conocer cada detalle del momento más horrible de esta fracasada  operación “humanitaria”. Mientras se encontraba precisamente en la región, ocurrió la Masacre de Srebrenica, también conocida como Genocidio de Srebrenica, el asesinato de 8.000 personas de etnia bosnia.

Aunque sus títulos de nobleza -que el protocolo de la ONU le prohíbe usar- hacen de su persona una especie de personaje de las Mil y una noches, Zeid prefiere los lujos bien occidentales de Londres, París o Nueva York y apenas disimula su afiliación a la cultura yanqui. De hecho, en 1972 se casó con una ciudadana norteamericana, Sarah Butler, hija de una familia de Texas vinculada al negocio petrolero.

Disponiendo de toda la confianza del rey de Jordania, “Su Alteza” ha sido embajador de su país ante las Naciones Unidas durante los cuatro años antes de ocupar su actual puesto, y se encontró en la misma posición entre 2000 y 2007. En el medio, fue embajador en Washington.

Zeid seguramente no ignora que ahí donde nació, en esa Jordania gobernada por su propia familia, más de medio millón de refugiados sirios se encuentran sobreviviendo en campamentos,  víctimas de la actividad imperial de Estados Unidos, que cuenta con todo el apoyo de la familia real.

Es esta herrumbrosa joya del desierto la que pretende dar lecciones en democracia a Venezuela. Qué buena acción comunicacional sería la de desenmascararlo ¡Un aristócrata, un Príncipe, blandiendo lanzas por la “democracia”!

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