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Jaime García: Venezuela, país inhóspito, necesita la experiencia de sus hijos

Ciertamente, Venezuela, país petrolero, fundador de la OPEP con el centro refinador más grande del mundo, sus ciudadanos, sumidos en esta crisis entrópica de hambre, falta de medicamentos, ausencia de empleos, corrupción en el más amplio sentido, impunidad obscena, inseguridad ciudadana, baja calidad educacional, inflación nunca vista, ausencia de valores morales, desatinos en las políticas públicas, desaciertos y falta de credibilidad en el alto gobierno y un largo etc., surge la necesidad de recurrir a la experiencia profesional académica y no académica de sus hijos para detener y levantar al país de la fosa lapidaria en que se encuentra.

Afortunadamente, Venezuela cuenta con una significativa población de ciudadanos con edades que van desde los 40 años hasta 70 años con muchos años de experiencia práctica en distintos saberes (agroindustria, petróleo, minería, pecuaria, agrícola, construcción, industrial, medico asistencial, farmacias, educación, etc.). Este amplio sector en los últimos 15 años ha sido apartado y excluido en la gran toma de decisiones por razones políticas e ideológicas.

¿Cuantos proyectos bien estructurados y elaborados por estos hermanos venezolanos llevan años engavetados en los distintos ministerios, esperando su ejecución?. ¿Cuantos colegas venezolanos de invalorable formación en las hidrológicas, CORPOELEC, CANTV, sector petrolero, bancario, administración pública, etc., fueron dejados de lado (unos jubilados prematuramente, otros despedidos)  por no alabar y presentar sumisión a un proyecto político que hoy día es un espejismo?. Recordemos que “la ejecución de un proyecto es la solución de un problema”. También añadiremos a las abnegadas y emprendedoras federaciones como FENAVI, FEDENAGA, FEDEAGRO, etc. ejemplos de verdadera producción masiva con calidad y eficiencia.

Indubitablemente, si esta generación no hubiera sido sometida al ostracismo, hoy en día, no tuviéramos el desagradable racionamiento de agua y eléctrico, el campo tuviera parejito de ganado, nuestras tierras fértiles vivieran su mejor momento, la exploración, extracción y refinación de petróleo mostraría indicadores envidiables y nuestra moneda fuera fuerte y vigorosa de verdad.

La experiencia no se compra ni se vende, es el modelo y escuela de la generación que le precede. Cada día es una oportunidad. Esta generación llamada en los países del primer mundo “Generación de Oro” seguramente está dispuesta con su experiencia práctica, con su moral, con su prestigio y con su honor a rescatar y poner al país en el sitial que nos merecemos. Ya una vez lo hizo. Volverlo a hacer es una rutina del deber patrio.

 

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