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Néstor Francia / Análisis de Entorno: La Caperucita Roja (04-09-2017)

La Caperucita Roja es un cuento de la tradición oral europea que fue vertido por primera vez a la literatura escrita por Charles Perrault y luego por los Hermanos Grimm, siendo esta la versión más conocida. En Venezuela, nosotros teníamos ya nuestra Caperucita Roja chavista, la muy popular señora Gloria Marleny Vanegas, habitante del municipio Chacao. Ahora se cierra el círculo pues ha aparecido la Caperucita Roja escuálida, la fascista y farsante Lilian Tintori.

El caso de las cuatro cajas contentivas de 200 millones de bolívares revela unas cuantas cosas interesantes. Una es que nuestra Revolución, acaso por necesario condicionamiento histórico, sigue enredada en los cables de la legalidad burguesa, hecha para que los ricos tengan una especie de inmunidad no decretada y para que la justicia permanezca entrabada en formalismos que impiden saldar cuentas a quien tiene varias pendientes. Si un pobre hubiese cometido la mitad de los crímenes de la Tintori, hubiese ya dado desde hace tiempo con sus huesos en la cárcel. Pero ella se da el tupé de mostrarse desafiante y hasta pretendía viajar al exterior para continuar con su práctica reiterada de traición a la Patria y promoción de la intervención foránea en nuestro país. Así son las cosas en la “democracia” burguesa que aun rige en Venezuela. Con su excelente sentido del humor, muchos venezolanos han establecido una pícara comparación entre la Tintori y el personaje de la Caperucita Roja. Hay en el símil una condena moral al estrambótico argumento blandido por la traidora, de que esa alta cantidad de efectivo estaba destinada al pago de gastos médicos de su abuela centenaria. En primer lugar, el uso interesado de una anciana enferma como pretexto para justificar un asunto tan turbio pone en claro la catadura humana de esta “líder de derechos humanos” de pacotilla. Es un monumental irrespeto tanto a su propia abuela como a la inteligencia de los venezolanos.

Dando razón a una conocida sugerencia popular a quienes mientras más se explican más se complican, a la Tintori habría que recomendarle que “no aclare que más oscurece”. Ante los razonables argumentos de cómo una persona de tan privilegiada condición económica no paga como lo hacen los trabajadores comunes, con transferencias, cheques o, en su caso, tarjetas de crédito, que debe tener varias de “platino”, con crédito ilimitado, arguye otra escandalosa mentira: que ella, como es la esposa de un preso político, no puede abrir cuentas bancarias ni poseer tarjetas de crédito ¿Y cómo hace en sus frecuentes viajes al exterior? ¿Se lleva una maleta llena de dólares? Y si fuera cierto lo que dice, que por supuesto no lo es, ¿por qué no deposita ese dineral en la cuenta de algún familiar o allegado para que este cancele las facturas con los medios regulares? Ella es copropietaria de una empresa familiar ¿por qué no usa las cuentas de su empresa para hacer los pagos? Son mentiras tan burdas que solo las comentamos porque dejan al desnudo la ínfima catadura moral de este despropósito humano que es Lilian Tintori.

Nosotros nos comportamos a veces como un animal desprevenido que cae en las trampas que le ponen con inocencia y desprevención. A menudo convertimos estos asuntos en meros trámites legales, en temas de la Fiscalía o de los tribunales. Si a ver vamos, en algo ella lleva razón: en Venezuela no es delito portar ninguna cantidad de dinero en efectivo. Claro, en su caso y dado el altísimo monto hallado en su vehículo, es justo pensar lo peor e investigarla hasta los tuétanos. Pero el principal asunto involucrado en este caso es de índole ética y es allí donde se debería poner todo el acento, como lo está haciendo directamente el pueblo. Debería haber una intensa campaña para terminar de desacreditar y llevar a la completa ruina política a este personaje pernicioso, hipócrita, fascista, terrorista. Ella anda por el mundo hablando de la supuesta “crisis humanitaria” que estarían padeciendo los venezolanos, mientras se burla de todos con esta ostentación de riqueza o al menos de disposición de recursos que quién sabe de dónde provienen realmente.

Es como se ha dicho: mientras nuestros pensionados pasan penurias para sacar de los bancos su dinero de las pensiones, secuestrado por los bancos, ella anda con cuatro cajas de efectivo guardadas en un vehículo.

Por otro lado, hay otras situaciones que deben ser investigadas a fondo. Es verdad que hay dos gerentes del Banco Occidental de Descuento investigados por ser presuntamente los proveedores de los millones “cash” de la Tintori, pero es difícil creer que no estén involucradas instancias superiores de este banco, entre otras cosas porque el principal propietario del BOD, Víctor Vargas, aparece en la “lista Falciani” (una relación que contiene los nombres de unos 130.000 potenciales evasores fiscales con cuentas no declaradas en la sucursal en Ginebra del banco británico HSBC) de evasores mundiales de impuestos en paraísos fiscales ayudados por ese banco británico. Por supuesto, en el cuento de la Caperucita Roja no podía faltar el lobo feroz. Ya la canalla burguesa internacional, incluidos los presidentes neoliberales y pro imperialistas de Alemania, Francia, Italia y España con quienes tenía cita la Caperucita fascista, lo encontró: el “dictador” Maduro que “persigue” a la cándida niña ¡Las cosas que uno tiene que ver!

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