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Inflación evapora la recaudación de impuestos

Para cubrir el desbalance el Banco Central emite bolívares en grandes cantidades y acelera la inflación

El pasado primero de abril el presidente del Seniat, José David Cabello, celebró que el Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat) “cumplió en 198% la meta de recaudación de Impuesto Sobre la Renta (ISLR) en el primer trimestre del año” y agregó que “todo lo que se recauda está destinado para las obras y proyectos que lleva la Revolución para el beneficio de todo el pueblo venezolano”.

Pero lo que no explicó el superintendente es que la cifra que festejó el Seniat no tomó en cuenta el impacto de la inflación. La realidad es que el dinero que el Gobierno recibe a través de los impuestos expresado en términos reales, es decir, en capacidad para dotar hospitales, construir determinado número de viviendas o implementar programas sociales registra una caída considerable que golpea a la población.

Según un informe sobre el tema elaborado por Ecoanalítica al cierre de junio “la recaudación tributaria, de acuerdo con las cifras publicadas por el Seniat se ha incrementado nominalmente 137,5% en lo que va de 2017, sin embargo, los ingresos por esta vía se han contraído 19,9% en términos reales. El ISLR y el IVA han experimentado una contracción real de 1,1% y 32,4%, respectivamente, en dicho período”.

Los estimados de Ecoanalítica contemplan que en los primeros cinco meses de este año la inflación registró un promedio mensual de 19% y en junio saltó hasta 24%.

Ruina circular

El declive de la recaudación de impuestos en términos reales tiene su origen en que la recesión en la que cayó el país desde 2014 desploma las ventas y las ganancias de las empresas, por lo tanto, la actividad económica sobre la cual el fisco puede cobrar impuestos se contrae.

El resultado es un desbalance en las cuentas públicas que la administración de Nicolás Maduro ha resuelto con dinero que fabrica el Banco Central de Venezuela, activando un ciclo que incrementa los desequilibrios. Gracias a la inyección de bolívares provenientes del Banco Central personas y empresas cuentan con más dinero que destinan a la compra de productos mientras que la oferta cae por controles de precios que no permiten cubrir los costos de producción, un déficit de dólares que el Gobierno resolvió recortando la venta de divisas al sector privado y empresas estatizadas que producen poco o nada: es decir, más bolívares detrás de menos productos, una dinámica que aviva la inflación.

“El financiamiento del gasto a través de emisión monetaria trae como consecuencia un incremento desproporcionado de la liquidez que, al no estar respaldado por producción doméstica, se traduce en aceleración inflacionaria”, dice Ecoanalítica.

Las estadísticas oficiales registran que entre el cierre de 2016 y el pasado 21 de abril el dinero creado por el Banco Central para financiar al gobierno aumentó 38% y se ubicó en 7,6 billones de bolívares.

La madeja cambiaria

Mientras la inflación galopa, el Gobierno recibe muy poco por la gran mayoría de las divisas que vende porque el tipo de cambio protegido (Dipro) se ubica en 10 bolívares por dólar, un nivel artificialmente bajo que impacta las finanzas públicas.

La consecuencia es que el déficit crece porque los trabajadores públicos como los maestros y médicos reclaman aumentos de salarios y los materiales para la Gran Misión Vivienda, por ejemplo, son más caros, mientras que buena parte de los dólares provenientes del petróleo aportan lo mismo.

Así, surge una dinámica negativa donde cada vez el Banco Central tiene que fabricar más billetes para que el Gobierno cubra sus gastos y se acelera la inflación que, de acuerdo con las estimaciones de bancos y firmas especializadas, se encuentra en la frontera de los cuatro dígitos.

El desorden

Un aspecto relevante es la calidad del gasto del Gobierno. Ecoanalítica explica que “el problema trasciende la cantidad que se gasta y cómo se financia. La dirección de dicho gasto también representa parte de la problemática en torno a esta variable. El Gobierno central ha enfocado el gasto en una serie de transferencias y subsidios insostenibles y de poco impacto en la reducción de la pobreza estructural. Por otra parte, ha descuidado la inversión en bienes públicos e infraestructura a la vez que se financian empresas públicas ineficientes”.

Los estimados de Ecoanalítica sobre el comportamiento de las finanzas públicas indican que “en lo que va del año, el gasto del Gobierno central en términos nominales se ha incrementado en 290,8% con respecto al año 2016”, pero inmediatamente agrega que en términos reales ha disminuido en 53,6%.

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