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Jesús Alberto Castillo: Ramón, los jóvenes y la unidad sucrense

Tenía años que no veía un acto tan apoteósico como el ocurrido el sábado 2 de septiembre en el Club Árabe Sirio de Cumaná, donde Ramón Martínez reapareció ante un gentío que quería verlo y tocarlo.  El célebre “guerrero” emergió como un fantasma y se hizo carne y hueso para pronunciar un corto, conciso y claro discurso que arrancó lágrimas en un entusiasta público que vitoreaba ¡Ramón amigo, el pueblo está contigo! ¡Llegó el guerrero para unir a Sucre! No era para menos, se había gestado una campaña sucia sobre su candidatura, la cual se vendía por videoconferencia ante su supuesta ausencia en el país. Ramón despejó las dudas y salió al encuentro de un pueblo golpeado por tanta indolencia gubernamental.

Las contundentes palabras retumbaron en la concurrencia. “Soy el candidato de la unidad, de la democracia y la libertad. Vengo a trabajar por los jóvenes, esos que no tiene patria ni futuro”. Cada verbo pronunciado por Ramón arrancaba aplausos y lágrimas en un auditorio que se quedó pequeño ante una multitud frenética. Con su peculiar expresión y un lenguaje corporal que respiraba fuerza y energía, “El guerrero” ratificó su disposición de unificar a Sucre. “Vengo a unir a la oposición y al oficialismo, porque me duele el pueblo sucrense. En mi gobierno no habrá ni perseguidos ni perseguidores. Las nuevas generaciones tendrán en mí a un padre que va a luchar por su futuro, para que se sientan orgullosos de ser sucrenses”.

Para culminar su discurso Ramón instó a  la multitud a acompañarlo en una caminata por Las Palomas, su primera y emblemática obra de consolidación habitacional, modelo de diversas comunidades a lo largo y ancho de la geografía sucrense y nacional. Recorrió con la vitalidad de un joven, franela deportiva y guáramo en la sangre cada calle de esa histórica barriada, hoy aquejada de aguas putrefactas y otros males. A paso de vencedor, “El guerrero” recibía los besos y abrazos de la gente. Por su condición de médico, por momento lo visualicé como el José Gregorio Hernández del pueblo sucrense. Ramón caminaba y saltaba charcos con energía, mientras su rostro sonreía y reflejaba la esperanza para esa hermosa legión de hombres y mujeres que mejoraron su calidad de vida con el Cambio de Rumbo.

De verdad que fue algo aleccionador y motivador. Muchos jóvenes se sumaron al “Guerrero”, mientras las horas del reloj pasaban ligeramente. Llantos, alegrías, besos y energías se mezclaron en esa fogosa caminata hasta llegar a los semáforos de la Avenida Humboldt. Ramón dejaba de ser un fantasma para convertirse en realidad política ante la fiel muchedumbre y los curiosos que circulaban en carros particulares y transporte público. Se subió a una moto y, como por arte de magia, desapareció por el infinito horizonte. Me recordó a un renegado en la maltrecha urbe. Fueron 45 minutos de euforia colectiva al lado del hombre que despertó el orgullo de ser sucrense, mientras la música “Ahí viene Ramón”, interpretada por Willy Tango, se dejaba escuchar por doquier.

Me ha marcado tanto este hecho que decidí plasmarlo en el artículo. Es el testimonio de un sucrense que observó la conexión del líder con su pueblo. No es cuento de camino. En la memoria colectiva subyace la exitosa gestión de Ramón, la cual se ha hecho viral en muchos jóvenes que no lo conocen personalmente. He allí lo asombroso de su campaña. Nuevas generaciones que han escuchado hablar de “El guerrero” y su Gobierno de Reconstrucción. Son ellos los que espontáneamente han preferido anotarse con esa candidatura, que va más allá de siglas partidistas, para el próximo domingo 10 de septiembre en elecciones primarias  abiertas. Ramón Martínez es sentimiento popular en la región. Su experiencia vale mucho y saldrá favorecido por el voto opositor, oficialista e independiente. Viene a trabajar por el futuro de los jóvenes y la unión de los sucrenses.

 

 

 

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