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José Machillanda: El voto… derrotará la barbarie

 

El ambiente político real que vive la República es de conflicto social, entendido como un proceso de interacción contenciosa entre una idea madre que asume la revolución por vía autocrática militarista del socialismo a juro, y una extraordinaria masa de ciudadanos que se abrazan a la democracia privilegiando al individuo sobre la comunidad y el Estado. Este conflicto social alcanza el clímax cuando el régimen de manera fraudulenta establece una Asamblea Constituyente írrita, propia de la infra política que no tiene transcendencia en el ambiente político venezolano. Tan cierto es esto que los Estados del mundo reconocen a la Asamblea Nacional como el único poder legítimo electo por catorce millones de electores.

El régimen autocrático militarista de Maduro-Padrino incrementa la represión, se desborda en la persecución, encarcela a diestra y siniestra y asesina a jóvenes venezolanos. Muestra con ello una enorme criminalidad de un gobierno asustado, calificado como narcorégimen sin capacidad de respuesta ni a lo interno ni a lo externo, es decir una bazofia política que boquea frente a una sociedad hambreada. Hambreada porque el cartel de la droga y los asaltos a los dineros del Estado han colocado a la sociedad venezolana al margen, al límite de un hecho gravísimo como lo es una posible explosión social.

Explosión social como consecuencia de un postchavismo inepto, incapaz de gobernar, con una crisis económica exponencial que genera fatiga en el cuerpo social, que está a punto de parir un nuevo mapa político donde el enfrentamiento público será la respuesta a la incapacidad de quienes como gobierno y, por qué no, aquellos que supuestamente como demócratas atisban soluciones distintas  a la democracia, contrarias el voto. El voto entendido como sufragio, como decisión civilista, como fuerza explícita para que en el espacio público nacional e internacional se sepa de la voluntad libérrima de quienes haciendo uso del mejor instrumento político, redefinan y clausuren la locura creada por un grupo de insensatos, golpistas, cobardes, traidores que creen que la política es táctica.

La política tiene que ver con el poder como una probabilidad, en la cual es determinante que la masa societal de los demócratas participen de manera masiva, demostrando su gran confianza en el hecho electoral y no mirando a los recodos de las posibles trampas que este régimen inmoral ha venido filtrando como parte de su guerra psicológica. Es tiempo, en consecuencia, de mirar la política como ciencia y arte, y colocar en el centro de este desgraciado conflicto social la defensa real de la democracia sin tomar en cuenta las tretas y maromas previas con el objeto de usar el voto para contraponer un proyecto social, que es la reinstalación de la democracia liberal.

La democracia liberal requiere de demócratas, no de la violencia ni del chisme ruin, no de las maromas degeneradas de un régimen militarista y cobarde, que con la violencia pretende contener un hecho extraordinario en el siglo XXI que tiene que ver con reflotar el voto. Reflotar el voto  para que ello nos autorice frente al cuerpo social y el mundo para acudir a la rebelión. Sí…acudir a la rebelión como expresión de resistencia civil, que como estrategia faculta a los venezolanos a que cumplan con la decisión de que haya democracia. Esta vez ha costado mucho porque después de dieciocho años de gobierno y cuarenta de conspiración parece lógico que tenga que costar mucho.

La democracia liberal es el retorno a la civilidad, es el reconocimiento a los otros, es colocar en el centro a la Constitución y a la cultura política, sobre todo el honor y la dignidad de los venezolanos que hoy, en su mayoría, están dispuestos a reflotar el voto para demostrarle a lo interno de Venezuela y al mundo que el gen democrático ha vencido al golpismo, a los carteles en forma de gobierno y, sobre todo, a la ignorancia y la incapacidad política de una pandilla de inescrupulosos que tendrán que rendirles cuenta a la historia y a la sociedad venezolana. Y todo ello será posible con el voto, entendiendo al mismo como el gran símbolo de la decencia, civilidad y triunfo de la Ciencia como participación política contendiente sobre la barbarie.

@JMachillandaP

 

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