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Sexo en el agua: Todo lo que necesitas saber para disfrutar más

 

Playas paradisíacas, dos cuerpos balanceándose al compás de las olas, el sol (o la luna) bañando su piel, el pelo mojado, abrazos, caricias, besos pasionales, una cosa lleva a la otra y… ¿quién no se ha imaginando teniendo sexo de película en el mar o en una piscina solitaria en mitad de la noche? Iniciada ya la temporada de baños veraniegos, es el momento perfecto para practicar una de las fantasías eróticas más comunes: el sexo acuático. Sin duda parece de lo más apetecible, pero vale la pena conocer sus bondades y desventajas antes de “mojarse”.
Empecemos derribando mitos. En concreto, dos muy asentados y que hay que quitarse de la cabeza cuanto antes. No, las mujeres no se quedan embarazadas por que un hombre eyacule en la piscina; para que se dé el milagro de la vida es necesaria la penetración. Y no, el agua, por muy salada que sea y por mucho cloro que tenga, no protege de nada. Ni de los citados embarazos no deseados ni de las enfermedades de transmisión sexual (ETS). Es más, en este caso el agua clorada lo que puede provocar, si entra en la vagina, es una infección. Por lo que de todo esto se deduce que el preservativo, tanto en el agua como en tierra firme, es imprescindible.

No pierdas el preservativo

Sin embargo, has de saber que el condón no se lleva bien con el agua. Hay que colocarlo siempre, siempre, fuera de la piscina o el mar. Y procura hacerlo con el pene erecto, para evitar burbujas de aire y cualquier rotura del mismo. A su vez, el ‘aquasex’ tiene el inconveniente de que no solo hay que estar al tanto del “metesaca” habitual, sino que hay que vigilar que los movimientos coitales y el agua no hayan hecho que el preservativo se acabe moviendo. No quieres que se deslice y que acabe perdido entre las aguas. De ser así, y sobre todo si ha cogido aire, debemos salir y cambiarlo. Tenlos a mano, por si acaso.

En contra de lo que pudiera parecer, el agua no ayuda en absoluto a la lubricación. Uno podría pensar que con tanto líquido en el ambiente aquello se deslizaría la mar de bien, pero no es el caso. El agua tiende a menguar la lubricación natural de la mujer, por lo que favorece la fricción y con ella la rotura del preservativo. Si te encuentras con problemas, lo mejor es utilizar condones especiales (que los hay, incluso, para relaciones sexuales en el agua) o lubricantes aparte antes de mojarte. De esta forma conseguirás que la penetración sea mucho más cómoda para ambos.

El agua, por muy salada que sea y por mucho cloro que tenga, no protege de nada. Ni de los embarazos no deseados ni de las enfermedades

Una vez tengas claro todo acerca del preservativo y la lubricación, llega la pregunta del millón. ¿Qué es mejor, piscina o mar? Como casi todo en la vida, depende. Quizá el mar te parezca un paraje de ensueño, más romántico, pero ten claro que también puede ser un engorro. No es fácil mantener el equilibro entre las olas y, por mucho cuidado que tengas, la arena se te meterá por todos lados. Sea como fuere, ten a mano una toalla sobre la que apoyarte.

Es probable que al leer estas recomendaciones hayas llegado a la conclusión de que esto es demasiada molestia, que prefieres limitarte a los preliminares acuáticos y terminar la faena en tierra firme. Pero, entonces… ¿Por qué nos sigue excitando la idea? Porque el deseo sexual no entiende de razones. Si todo lo que nos gustase fuese bueno para nosotros, otro gallo cantaría. El sexo acuático tiene un par de puntos eróticos, razones de peso, que lo hacen tan apetecible: hacerlo en un lugar público (cuidado con las multas), el riesgo de ser pillado ‘in fraganti’, el contexto (suele ser de vacaciones, despreocupados, alegres), el tacto bajo el agua, la sensación de ligereza que nos da tener medio cuerpo sumergido… Aprovecha el verano para escapar de la monotonía sexual con tu pareja, prueba posiciones nuevas y, por qué no, hazlo con agua de por medio.

Fuente: elconfidencial

 

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