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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Gasparín, el fantasma amistoso (07-09-2017)

Ningún problema de la sociedad puede ser desvinculado de la lucha de clases. Tal como dijo Marx y confirman los hechos, la lucha de clases es el motor de la Historia    . Este es una realidad básicamente independiente de la voluntad de los hombres, aunque sin duda puede ser afectada por esta. Es pues desde esa perspectiva que debe ser analizada la actual gira de Julio Borges y Freddy  Guevara por varios países de Europa.

Que una fuerza política de un país busque apoyo internacional para sus fines internos no es una rareza ni algo condenable per se. Lo hizo Francisco de Miranda, también Simón Bolívar. Las fuerzas revolucionarias venezolanas en los años 60 del siglo XX tuvieron la ayuda militar de Cuba (recuérdese la entrada de camaradas cubanos entre los efectivos que intentaron ingresar a Venezuela por Machurucuto para incorporarse a las guerrillas). Chávez contó siempre con el apoyo explícito de los gobiernos progresistas de Cuba, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y algunas naciones del Caribe. En el caso de la Revolución Cubana, no hay duda de que uno de los factores fundamentales que ayudó a su resistencia contra la agresión imperialista fue el sólido respaldo que le brindó la Unión Soviética, conformada por Rusia y algunos países del este de Europa que estaban en su radio de influencia.

La consideración internacional de la lucha de clases siempre ha sido un principio de los revolucionarios socialistas. Ya en 1864, Carlos Marx y Federico Engels fundan en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores. Tras la desaparición de esta Primera Internacional en 1876, Engels promovió la creación de una Segunda Internacional, creada en París en 1889. En marzo de 1919, en la ciudad rusa de Petrogrado (San Petersburgo), se funda la III Internacional. En el congreso fundacional de esta participaron partidos comunistas y socialistas de casi toda Europa, Estados Unidos, Japón, China, Corea, Turquía, Azerbaiyán, Georgia, Persia y Turquestán, una verdadera muestra del carácter mundial de las luchas por el socialismo.

De hecho, la gran consigna proclamada por Marx y Engels en su llamado a la revolución socialista tiene carácter internacional: “¡Proletarios del mundo, uníos!”.

De manera que la gira de Borges y Guevara por Europa no es más que la continuación de la gran lucha de clases mundial que dio continuidad a la historia de la explotación del hombre por el hombre, de la división de la sociedad humana en clases sociales posterior a la extinción del comunismo primitivo originario, después de que el desarrollo de herramientas y técnicas posibilitó la explotación del trabajo humano.  Con el advenimiento del capitalismo nuevas condiciones irrumpieron en la vieja lucha, y con la instauración del imperialismo la confrontación mundial de clases no ha hecho sino agudizarse y globalizarse.

La lucha de la Revolución Bolivariana contra la reacción mundial no escapa a esos imperativos históricos ¿No ocurre hoy, en torno a Venezuela lo mismo que señalan las primeras palabras del Manifiesto Comunista de 1848, con la sola transposición de detalles y denominaciones?  Veamos: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Contra este fantasma se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes… No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizadora de comunismo. De este hecho se desprenden dos consecuencias: la primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas. La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del fantasma comunista con un manifiesto de su partido”.

Con Chávez, el fantasma del socialismo recobró nuevos bríos en el mundo, después de una etapa de reflujo que desembocó en la disolución de la Unión Soviética y la restauración del capitalismo en Rusia. Después de la partida física del Comandante, todas las fuerzas reaccionarias del mundo se han unido en un solo bloque contra la Revolución venezolana.  Hay, pues, un reconocimiento mundial de la revolución chavista como una “peligrosa” potencia histórica. Y, parafraseando el Manifiesto de Marx y Engels, nosotros estamos expresando ante el mundo nuestras ideas, nuestras tendencias y aspiraciones, saliendo al paso a la leyenda del fantasma chavista. Para los pueblos quedará cada vez más claro que sí, que somos un fantasma, pero uno como aquel personaje de los comics, Gasparín (Casper): el fantasma amistoso.

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