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Mario Villegas: Descubrir el sectarismo

Más vale tarde que nunca, dice la sabiduría popular. Pero cabe la pregunta: ¿Había que esperar 18 años para darse cuenta del exacerbado sectarismo con que ha actuado el chavismo desde el poder?

Cuando se lee a Eleazar Díaz Rangel y se escucha a Earle Herrera y a Roy Chaderton hablar del sectarismo que ha caracterizado algunas actuaciones del oficialismo, lo primero que puede provocar a cualquiera es decirles: “Tarde piaron, pajaritos”. Y es comprensible. ¿Van a venir ahora, después de casi cuatro lustros, a darse cuenta de una práctica tan común en el chavismo que parece -y casi con seguridad lo es- absolutamente consustancial a su naturaleza como movimiento político? Tanto es así que dos de estos cándidos descubridores de semejante obviedad, Herrera y Chaderton, han sido no solo testigos silentes sino practicantes de esa misma manera de asumir la política y sus relaciones con los demás desde el pedazo de poder que ambos han podido ejercer en estos años.

En el ámbito de la política, el sectarismo es una conducta propia de agrupaciones cuyo liderazgo  y militancia se consideran iluminados y dueños de la verdad absoluta, a la par que menosprecian, segregan y demonizan a quienes piensan diferente y, en especial, a quienes les adversan. Son colectividades cerradas que se resisten a ser “contaminadas” por las ideas, modos y proyectos de los demás. La prepotencia es otro dato característico en estos especímenes que por lo general buscan imponer a troche y moche su verdad.

¿Estos rasgos no han estado sistemáticamente presentes en la conducta del chavismo en el ejercicio del poder? ¿No fue precisamente el fallecido fundador y líder del movimiento quien advirtió que quien no estuviera con él estaba contra él? ¿No fue él quien dividió a los venezolanos entre “patriotas” y “apátridas” y dio pie a la segregación y exclusión de sus adversarios?

Dice Chaderton que un adversario es el que te quiere vencer y enemigo el que te quiere destruir. Según su criterio, quien quiera destruir al adversario es un sectario. Vale la pregunta: ¿Quién prometió y se entregó a la fallida tarea de aplastar y volver polvo cósmico a sus adversarios?

De modo que el sectarismo que mis colegas Díaz Rangel y Herrera y el internacionalista Chaderton descubren ahora en los tiempos de Nicolás Maduro viene desde cuando los tres avalaban y aplaudían la conducta prepotente de aquella expresión suprema del sectarismo que se llamó Hugo Chávez Frías.

Por cierto que el sectarismo chavista no tiene como blanco exclusivo a los opositores e indiferentes, también opera contra sus propios aliados. Basta escuchar las quejas de dirigentes de los partidos del Polo Patriótico para darse cuenta del modo arbitrario y unilateral como se toman las decisiones en el bloque oficialista. La cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela impone a rajatabla sus decisiones a los aliados, cuyo liderazgo no solo es excluido de la toma de decisiones y de las posiciones de gobierno, sino incluso de las pantallas de Venezolana de Televisión y demás medios públicos. VTV es el canal de todos los venezolanos, pero solo de aquellos que dirigen y militan en el PSUV. Curioso que el Partido Comunista, PPT, Redes, MEP, UPV y demás componentes del Polo Patriótico se calen con resignación semejante sectarismo pesuvista.

En Venezuela el sectarismo político no es creación del chavismo, ni exclusivo de este, ni tampoco de los movimientos en el poder. Ya escribía Díaz Rangel sobre el del trienio gubernamental adeco de los años 40. También los comunistas han tenido sus marcadas actuaciones sectarias, lo mismo que en sus respectivos momentos de esplendor lo hicieron los masistas y los causaerristas, quienes sin haber alcanzado el poder total llegaron a ocupar importantes espacios de poder social, municipal, regional y nacional. Las tradicionales divisiones y subdivisiones en la izquierda venezolana siempre tuvieron como trasfondo una buena dosis de sectarismo y de abiertas o encubiertas apetencias personales o grupales.

Y qué no decir de las fuerzas que hoy se oponen al chavismo. También allí se manifiestan tendencias sectarias, tanto dentro como fuera de la Mesa de la Unidad Democrática. Importantes decisiones y actuaciones de la coalición opositora han sido impuestas en su momento por parte de determinados factores, individuales y grupales, con deliberada exclusión de aliados que terminan siendo discriminados por la prepotencia de ciertos iluminados e iluminadas.

El sectarismo es pernicioso en todas sus manifestaciones. Y cuando se trata de su expresión masiva y fanatizada, absolutamente peligroso para la indispensable convivencia democrática.

Es legítimo aspirar a que los venezolanos no sustituyamos un sectarismo por otro.

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