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Gloria Cuenca: Acoso a los periodistas

Para mis colegas sin trabajo, por decir las verdades que no se quieren oír.

Narré lo difícil que fue lograr apoyo de mis padres para ser periodista. La razón fundamental: era una profesión –en aquellos años– con mayoría masculina. La comunicación arrasó al periodismo machista fundamentalmente. Al menos eso pensé y creí. Los momentos tristes vividos en el pasado, cuando la dictadura de Pérez Jiménez y los primeros años de la democracia, con la izquierda en armas, que reprimían la subversión –soñé– se habían superado. Rebelión armada, no oposición democrática, constitucional, pacífica y electoral que enfrenta este régimen.

Está visto: la lucha por la libertad de expresión e información no cesa jamás. Siempre hay gente de regreso al pasado. No resisten la crítica, la verdad y, lo peor, tampoco la opinión de los demás. Son los peores momentos de la libertad de expresión. ¡Por favor!, no vengan con “usted dice lo que quiere”. Lo sé, soy una privilegiada. ¿Por qué negarlo?, siempre lo fui y a mucha honra. Dios en su infinita sabiduría sabrá por qué tuve los padres que tuve y la educación maravillosa, en este país. También cometí locuras. Fui comunista y después volví a la cordura, soy afortunada. No obstante, en estos momentos me siento indignada por el acoso y la persecución a mis colegas, todos periodistas de trayectoria. Impresiona la agresividad durante 18 años –la hegemonía comunicacional– cuando clausuran estaciones de TV o de radio. Dejan desempleados a padres de familia, periodistas, técnicos, locutores, empleados, secretarias, aseadores y choferes, entre otros muchos.

¿De qué se trata? De mortificar, agredir, perseguir y humillar a la gente de los medios. Los argumentos para cerrar estaciones de radio y sacar del aire programas, nadie se los cree. A cada momento se vencen las concesiones; no las renuevan porque es una manera de controlar lo que dicen, las informaciones y demás materiales hechos para reducir la incertidumbre. Van contra periodistas conocidos y reconocidos, incansables luchadores que cumplen con el deber de informar, (artículos 57 y 58 de la CN). Ninguno de los periodistas cambiará su manera de pensar. Tampoco dejarán de ser los combatientes por la libertad de expresión, críticos frente a la gestión de gobierno-poder y transmisores de las informaciones-noticiosas. Son periodistas cabales. ¡Respetarlos es un derecho y un deber!

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