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Guillermo García N.: ¡Presidente: los controles no funcionan!

El Presidente Maduro insiste en aplicar más controles a los ya existentes, estableciendo nuevas Leyes, organismos  y más controles  que no van a funcionar, que resultarán en más desabastecimiento, distorsión de la cadena productiva, de distribución  y comercialización y un desestímulo a la inversión  e incremento de los niveles de riesgo de negocios.

¿Guerra económica?

La inflación, la devaluación del bolívar y la escasez  no son el resultado de comerciantes e industriales inescrupulosos  que se dedican a crear caos, desesperanza y pobreza al ciudadano, como el gobierno ahora quiere presentar, cosa totalmente alejada de la realidad; sino que la inflación, la devaluación, la escasez y el bachaqueo  son el resultado de distorsiones económicas  generadas por las propias  políticas de gobierno. (Controles de cambio y precios). El gobierno trata ahora de atacar las consecuencias (mercado negro, inflación, escasez, bachaqueo) de estas políticas  y responsabilizar al sector privado formal de estas prácticas, cuando en realidad, estas situaciones han sido generadas por distorsiones  de prolongados controles de cambio y precios y un modelo económico equivocado, verdaderas causas del problema. Controles de cambio y precios que durante 14 años han distorsionado toda la economía.

¿Cuáles son las causas del problema?
La política  económica del gobierno que se  ha mantenido durante  los últimos 14 años  estaba sustentada en el supuesto de que importaciones baratas contenían las presiones inflacionarias. Esta política se agotó y debe reformularse. No obstante, el Gobierno del Presidente Maduro insiste en ella. El gran problema para el gobierno actualmente es que esta política requiere de cuantiosos recursos en dólares para poderla sustentar. Y ahora no son suficientes para mantenerla.

Otras políticas equivocadas

La  política de subsidio de importaciones y control de cambio y precios puede funcionar en el corto plazo, pero en el mediano y largo plazo, la industria nacional, el agro y la agroindustria se debilitan profundamente y le es imposible competir por los desequilibrios que genera (sobrevaluación, devaluación e inflación), aunado a un clima hostil para la empresa privada dentro de un marco de seguridad jurídica muy frágil y con altos riesgo de expropiación y confiscación, resultan en la combinación perfecta de elementos para reducir drásticamente la inversión y la producción  nacional. Si a esto le añadimos una reducción del suministro de divisas, devaluación y un control de precios férreo, el resultado no puede ser otro que imposibilidad  y desestimulo  para producir, lo que ocasiona desabastecimiento, escasez de productos y arbitraje (diferenciales de precio) que dan origen al llamado bachaqueo, sobrefacturación de importaciones, corrupción  y fuertes presiones  inflacionarias. En consecuencia,  la tarea del Gobierno pasa por  corregir los desequilibrios: cambiario, monetario, fiscal para crear un ambiente adecuado y de confianza, aunado al respeto a la propiedad y de reglas claras que se mantengan en el tiempo, a fin de que  pueda generarse nuevamente en el país la inversión productiva que genere oferta de productos y baja de los precios. Esa es la solución. No en establecer  más leyes y organismos que intentan mayor control sobre los entes de producción y sofocar a los comerciantes y distribuidores, responsabilizándolos de los errores y malas políticas del gobierno.

El efecto de la devaluación sobre la inflación. Los venezolanos hemos tenido un historial perverso del efecto que produce las continuas devaluaciones sobre los precios y las expectativas sobre los agentes económicos. Ante escenarios de inflación galopante y persistente como la que hemos vivido durante 2014 , 2015 y de hiperinflación en 2016 y 2017, se estima que ocurra un mayor efecto transferencia de la devaluación  hacia la inflación, debido a que en estas situaciones los agentes económicos intentan expresar en moneda extranjera los precios de los bienes ofrecidos y sus costos de reposición, cuestión que se agrava aún más cuando el tipo de cambio de mercado paralelo se encuentra exponencialmente muy por encima del oficial  (Bs.10,00) e incluso supera el tipo de cambio real de equilibrio, en un escenario de pérdida de reservas acelerado.

El modelo fracasó y requiere cambio. Las realidades económicas del mundo de hoy no están marcadas bajo el modelo de control y centralizado, altamente protegido obsoleto del pasado. La dinámica de interacción económica de las naciones exige modernidad por parte de los gobiernos, empresarios, y trabajadores. Venezuela no escapa de ello. Es así como el país debe insertarse y mantenerse en un contexto de economía moderna e internacional. Técnicamente ya no hay argumentos válidos para mantener un proteccionismo comercial, financiero y de inversión. Un modelo y  país donde la iniciativa privada a emprender, crear, poseer y disponer la tenga el ciudadano y no el Estado. Ese debe ser el nuevo modelo económico.

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