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Guillermo Ortega: Un nuevo orden

Nada ocurre por accidente, no siempre es lo que parece y todo está conectado son tres elementos claves de cualquier teoría de la conspiración. Alex Jones, personaje muy popular hoy en Estados Unidos, incluso con el presidente Donald Trump, es quizás es la referencia obligada por nuestros días en ese campo. Hay para todo, desde la tesis de que Paul McCartney murió en 1966 y fue remplazado desde entonces por un doble, hasta que existe un grupo “iluminado” que quiere imponer un nuevo orden político y económico, siempre detrás de todo lo que ocurre en materia económica.

En esas teorías hay para todos los gustos, al final en todos los extremos de la política hay quienes quieren explicaciones cerradas, construidas de tal forma que prácticamente son imposibles de refutar. No importa cuál sea la evidencia, los creyentes las toman como un acto de fe. No importa que, por ejemplo, la famosa familia Rothschild, cuyos miembros más notorios hoy solo aparecen por encima de los 1.100 en la lista de Forbes, los creyentes en la teoría del nuevo orden siempre creen que están detrás de la determinación del precio del oro o del petróleo.

En un contexto de extrema polarización, como el que tenemos por estos lados, existe un terreno muy fértil para experimentar el nivel de excitación que generan esas teorías. En el caso del tema de la deuda, no es difícil encontrar algunos que piensan que todo lo que ocurre en ese mercado es producto de un grupito. En cuanto al petróleo, los miembros de la archienemiga familia, que para colmo se reproducen a través del matrimonio entre primos, tienen montada toda una operación para bajar los precios del petróleo de manera de tumbar al gobierno.

Pero quizás las más elaborada de las teorías de la conspiración que corren por acá tienen que ver con la formación del tipo de cambio. Resulta que el Banco de Venezuela fija una tasa que convertida en dólares es parecida al tipo de cambio oficial en el país, mientras que las casas de bolsa en la frontera fijan una tasa de cambio parecida al tipo de cambio del mercado negro en Venezuela. La conspiración consiste en sacar los bolívares del territorio nacional, llevarlos a Bogotá, convertirlos en pesos y luego llevarlos a la frontera y hacer una ganancia cambiaria fabulosa, básicamente equivalente a comprar dólares al tipo de cambio oficial, cambiar al negro y hacer la ganancia correspondiente. Seguro hay muchas más conspiraciones montadas, pero dedicar tiempo a esas que son inverosímiles es un récipe para cometer el mismo error en el diseño de la política cambiaria. Es el mismo guion con base en el diagnóstico equivocado. A menudo, los mercados son tremendamente tercos, nadie puede pronosticar con certeza y hay muchos más especuladores, los cuales son imposibles de coordinar. Pero para algunos, la explicación es muy cómoda, no hay que ahondar mucho en la interrelación entre el esquema cambiario y los ámbitos monetarios y fiscales. No es necesario poner atención a los problemas macroeconómicos, es simplemente un tema de contrarrestar la conspiración, imponer más controles, cerrar la frontera, poner nuevos controladores. Es la búsqueda de la etapa superior de los controles, alcanzar, por qué no, un nuevo orden.

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