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Maryclen Stelling: El desgaste del discurso político

Observamos en la coyuntura actual un proceso de desgaste del discurso político, relacionado con la credibilidad, las estrategias de legitimación y, por ende, con la fuerza persuasiva del propio discurso.

El discurso político es percibido como uno de los discursos menos vinculados a la ética dado su carácter persuasivo y de convencimiento, cuyos difusos límites se funden y confunden con la manipulación. En un contexto político de profunda confrontación, en conjunción con fuerte emotividad y en un contexto altamente dramático, las palabras cobran importancia y trascendencia de acuerdo con el momento, pertinencia, sujeto discursivo y la fuerza persuasiva del propio discurso.

En el caso venezolano, el discurso político –aun fuera de coyunturas electorales– ha invadido todos los espacios tornándose en arma letal y estrategia bélica central en detrimento de la gestión, el diálogo y la discusión del proyecto de país. Sometido al escrutinio y al análisis, en el contexto de la confrontación política y en el marco de cualquier acción de gobierno, es importante descubrir los usos abiertos o soterrados del discurso. Distinguir entre el componente lingüístico que le asigna un sentido “literal” a los enunciados y el retórico, que interpreta ese enunciado con miras a distraer, conmover o persuadir. En nuestro caso, la cotidianidad se ha convertido en una suerte de campaña política permanente cargada de emoción, imaginación y entretenimiento. Ello ha ido en detrimento de la fuerza persuasiva del discurso político, afectando la imagen, legitimidad y credibilidad de la fuente y de los grupos políticos.

El desgaste del discurso político afecta igualmente la necesaria empatía e identificación con el emisor, generando dudas respecto a su credibilidad e impulsando a la audiencia a dudar y descubrir las intenciones ocultas detrás del actor político, sean estas: distorsionar, manipular, confundir, influir, convencer, persuadir, motivar…

El discurso político se desgasta en adversar, insultar y deslegitimar al adversario; en el ataque permanente al “otro antagónico” culpable de todos los males; en la auto representación positiva; en la lucha por mantener o arrebatar el poder; en la coerción y la amenaza; en la resistencia, la protesta y la oposición; en el encubrimiento y la disimulación.

Es necesario hacer un alto en el camino y recuperar la credibilidad y la legitimidad discursiva.

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