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Enrique Meléndez: Una idiotez más

 

Sartre tituló una de sus obras “El Idiota de la Familia”; a propósito de la idiotez que veía en Gustave Flaubert (el famoso autor de la novela “Madame Bovary”; una obra que establecería las bases estéticas de la narrativa contemporánea) su familia; cuyo padre era un eminente médico de la región de Rouen (Francia), y esto a causa de una especie de ACV, que le da durante sus estudios universitarios, y desde entonces había quedado como un idiota.

Esto me viene a la mente cada vez que escucho pronunciar a los voceros del oficialismo el argumento de que por la vía de los aumentos salariales se le va a ganar la guerra a la inflación; que con la congelación de precios y estos aumentos compulsivos, se va a lograr equilibrar el ingreso de los trabajadores y de los pensionados con el costo de la vida: una deducción pre-racional; lo que se conocería como una conciencia instintivista; esa que se permite comparar el tamaño de una moneda con el tamaño del sol. Es decir, eso es una solemne idiotez; porque las cosas no son tan planas, como parece; que hay ciertas perspectivas en su horizonte; que en este caso tendrían que ver con los procesos productivos. He allí una serie de circunstancias; que hacen que la inflación suba por el ascensor, mientras los salarios suben por las escalinatas; como lo ilustran los economistas, y que eso se viene demostrando desde que se estableció la economía de mercado.

La famosa “mano invisible” de la que hablaba Adam Smith, y que según este señor arreglaba los desajustes económicos, y que al ser contravenida como sucede ahora, entonces esos desajustes sí que no tienen arreglo alguno, y esto porque las leyes del mercado le hacen ver a los agentes económicos las oportunidades de negocio, a través de lo que se conoce como experiencia; que es acumulativa, y entonces te enseña cuales son los errores y cuales los aciertos; lo que precisamente constituye las perspectivas de las cosas, y que es a lo que no quiere recurrir una conciencia instintivista, como la que nos gobierna, muy dada a la simplificación de los procedimientos.

Es decir, la economía no se maneja por decretos, y ahí es donde tiene la razón Adam Smith; puesto que la economía de mercado tiene unas leyes autónomas, y que responden a la inercia y al fluir de las cosas; de acuerdo a los intereses puestos en juego. ¿Hasta qué punto puede la movilidad de los salarios llevar a la inercia a la inflación? En la medida en que tú le sueltas las riendas a la economía; es decir, en la medida en que tú tienes menos controles; porque allí está el principio de la competencia, y la competencia te mete o te saca del mercado; en función de las reglas del juego: pues en un escenario con una economía  de controles no vale la pena competir; que es el otro fenómeno que te explota en la cara: el fenómeno de la escasez, y el cual se manifiesta cuando el productor, en consecuencia, al verse en una completa desventaja, con motivo de la existencia de dicho escenario de controles, decide no invertir más en determinada actividad económica; teniendo presente que a la larga se verá en la situación de que está produciendo bajo pérdidas, y que es a lo que el gobierno quiere que se someta el empresariado venezolano, siendo el gran perdedor en este caso el propio asalariado, a quien cree el gobierno que beneficia.

Esto incluso ya lo maneja el común de la gente:

-Hoy –le decía un chofer de carros libres, de esos que llaman patas blancas, y que regala el gobierno por lotes, a su compañero-, nuestro presidente vuelve a meter la pata: anuncia un nuevo aumento de sueldos, y que va a poner las carreras más caras.

Es decir, se trata de una medida que nadie quiere en las presentes circunstancias, y no sólo porque obliga al empresario a hacer un ajuste en los precios de los productos, que fabrica, sino además porque conlleva a un cierre paulatino de las empresas o de los puestos de trabajo. A esta altura ya son muchos los conserjes que van quedando en la calle, lo mismo que los oficiales de seguridad; si se toma en cuenta que los condominios llega un momento en que no están en capacidad de cubrir esas demandas salariales, dado el alto nivel de morosidad, que se registra hoy en día por parte de los inquilinos, que habitan los diferentes inmuebles de nuestras ciudades, y entonces lo que se viene acostumbrando es a contratar los servicios por día; perdiendo muchos conserjes su derecho a la vivienda, que estaría incluido en el reglamento del condominio, o a quedarse sin seguridad.

Lo que explica el por qué durante los gobiernos de la República civil estos aumentos eran acordados por la vía tripartita, es decir, mediante negociaciones entre los sindicatos laborales, gremios empresariales y sector oficial, y para los cuales se preparaba el empresariado o el empleador, y aumentos que no pasaban del 20%; como también se acordaban una vez por año, y no como sucede ahora que ya casi se decretan mensualmente.

Mucho más grave aún resulta el hecho de que este aumento compulsivo se presenta con la congelación del precio de una serie de productos; que lo más seguro es que comiencen a escasear en los anaqueles de los abastos, y reaparecer en el mercado negro de los buhoneros, en esta oportunidad los productos de charcutería, especialmente, la mortadela, que venía siendo la comida del pobre; pan y mortadela: he allí la actual ingesta del venezolano; puesto que los granos, como las caraotas, se volvieron un producto de lujo, vista la enorme carestía, con la que se vende o su propia desaparición; de modo que lo que vamos a apreciar de ahora en adelante es mucho más hambre; mucho más pobreza, mucho más gente pidiendo por la calle, que le completen un poco más de dinero, para poder adquirir un pan y, por supuesto, mucho más desnutrición de la población.

melendezo.enrique@yahoo.com

 

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