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Jesús Alberto Castillo: Las reglas de la democracia

El juego político en un sistema democrático implica el uso de la razón para superar las desavenencias que pueden ocurrir en una contienda política. Existen dos métodos que se emplean para subsanar esas diferencias: el consenso o elecciones primarias. La idea es que las partes en conflicto respeten las reglas acordadas por ambas vías y unifiquen criterios, los cuales van a permitir tener éxito en ese tortuoso ámbito de la competencia pública. Un buen demócrata, aunque el resultado no le sea favorable, ha de aceptar lo acordado y comprometerse a trabajar por el objetivo común. Por eso es recomendable que prive un ambiente de respeto por el adversario y sin descalificaciones. Finalmente, quien resulte ganador deberá mantener una actitud de humildad y reconocimiento por su contrincante porque va a necesitar, inexorablemente, de él.

Esta reflexión es oportuna ante los resultados que se produjeron en la consulta interna de la oposición en Sucre donde resultó favorecido Robert Alcalá sobre Ramón Martínez. Si tratamos de ser objetivos entre los dos candidatos, pudimos observar que el primero de ellos contaba con una poderosa maquinaria que fue determinante en unas condiciones electorales impuestas por la MUD, mientras que el segundo tuvo como fortaleza el sentimiento popular. Quizás por eso causó extrañeza en el pueblo de Sucre los resultados. La mayoría de la gente no se percata que en las elecciones internas gana quien mueva más electores y tenga organización, lo que implica mayor manejo de recursos económicos. Generalmente, este tipo de consulta es abrazada de un alto nivel de abstención, porque el común de los ciudadanos se preocupa poco por ella, a menos que tenga un interés político o sea persuadido económicamente.

Ramón sabe a pueblo y todas las encuestas pregonaban su triunfo si se sometía a unas elecciones generales. Paradójicamente, eso lo convertía en una verdadera amenaza para su oponente interno, así como para el candidato  del PSUV. Por eso fue objeto de una campaña de descrédito por propios y extraños. En primer lugar, que no estaba en Venezuela y que todo era parte de un doble que se hacía pasar por candidato. Se le llegó a acusar, sin prueba alguna, de ser un candidato del gobierno. Y lo más vergonzoso aún de que sería aprehendido de ganar la gobernación.  Esa campaña tuvo su efecto y se reflejó en los resultados de las elecciones primarias. El exgobernador pudo haber tomado otra decisión, irse solo por la calle del medio. Sin embargo, su alta condición de demócrata lo llevó a correr riesgo y participar. Quiso demostrarles a sus adversarios que no venía a dividir a la oposición, sino a luchar por su región y país.

No tengo la menor duda que Ramón acatará tales resultados, porque es un demócrata convicto y confeso. A pesar de no haber recibido la solidaridad de varios compañeros opositores sobre su persecución política, saldrá a recorrer el estado Sucre para invitar a votar por Robert Alcalá. Eso lo hace grande como político. Quienes conocemos a Ramón de cerca podemos dar fe que se romperá el pellejo por sus amigos, por esos hombres y mujeres que creyeron en él en esta contienda electoral. Visitará a cada uno de ellos para pedirles que salgan a votar por la democracia y en contra de este desgobierno. En el exilio pudo vivir de cerca las vicisitudes de un perseguido, la añoranza a su patria. Por eso regresó a dar la cara por la democracia venezolana.

Muchos sucrenses aún están sorprendidos de estos resultados, los cuales tuvieron una altísima abstención. Pero no han entendido que en elecciones primarias existe intimidación, dinero parejo y maquinaria. A pesar de ello, Ramón seguirá dando lo mejor de sí para que triunfe la democracia y las libertades públicas. Es la lógica que debe privar en todo político que cree en las reglas del juego político. No es momento para lamentos sino de pensar en los intereses de los ciudadanos. Sucre seguirá contando con Ramón para rato y más adelante muchos lograrán comprender este maravilloso gesto que ha hecho para que la luz venza a la oscuridad en este maltrecho terruño oriental.

 

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