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Néstor Francia / Análisis de Entorno: ¿Diálogo sí, diálogo no?  (13-09-2017)

La invitación hecha por el presidente dominicano Danilo Medina a los representantes del conflicto político venezolano, con auspicio de Rodríguez Zapatero y, aparentemente, del gobierno francés, vuelve a mostrar cómo la oposición venezolana hace todo para no dialogar, al poner condiciones que deberían ser más bien temas del diálogo, como un cronograma electoral, la situación de los políticos presos y/o inhabilitados (en donde quieren incluir a terroristas y corruptos), la situación de la Asamblea Nacional y su controversia con el resto de los poderes públicos.

Por medio de un comunicado la MUD insiste en su tozudez, pretendiendo que el Gobierno capitule antes de sentarse en la mesa convocada en República Dominicana ¿por qué habría de capitular un Gobierno que más bien pareciera tener en este momento, el rábano tomado por las hojas? Y aunque así no fuese ¿Acaso no es la MUD la que viene de varias derrotas políticas, por más que traten de ocultarlo?

Es como si nosotros hiciéramos lo mismo. Podríamos poner condiciones a la oposición, como que reconozcan públicamente a la Asamblea Nacional Constituyente, o que la Asamblea Nacional reconozca a los demás poderes públicos, principalmente al Tribunal Supremo de Justicia, al Consejo Nacional Electoral y a la Fiscalía General de la República, o que la derecha firme un acuerdo de respeto a los resultados que anuncie el CNE después de la elección del 15-O, y que sus gobernadores electos se subordinen luego a la ANC, o que denuncien ante el mundo las sanciones de Trump y los avances en la intervención foránea en los asuntos internos de Venezuela. Podríamos, pero no sería lo correcto, porque tampoco tenemos porque pedirles a ellos que capitulen, puesto de eso se trata un diálogo, del reconocimiento de la existencia del otro, del respeto previo a sus posiciones aunque no se compartan y de la intención de buscar puntos de acuerdo que significarían garantías para la paz y la estabilidad del país.

Pero en esto último pareciera estar el quid de la cuestión: la derecha no quiere ni paz ni estabilidad, todo lo que hace lo inscribe dentro de los planes de una conspiración multifacética que incluye la convocatoria a la intervención imperialista. La derecha quiere caos, inestabilidad, conflicto, liquidación histórica del chavismo. Por eso es tan difícil que se dé el diálogo en Venezuela, como hemos dicho más de una vez.

Lo que decimos sobre el condicionamiento del diálogo por parte de la derecha no es invento nuestro. A confesión de parte, relevo de pruebas. El primer párrafo del comunicado de la MUD deja todo en claro de una vez: “La Mesa de la Unidad reitera que no hay un reinicio del diálogo e informa a Venezuela y el mundo cuáles son sus condiciones para una negociación seria”. Con pose heroica que no tiene nada que ver con el fracaso de su última intentona, reivindica como la gran cosa su pérfida promoción de la violencia, cobijada bajo el manto de la “lucha democrática”. La derecha tiene hasta la desfachatez de asentar en su comunicado que el llamado del presidente dominicano al diálogo es consecuencia de sus conspiraciones y no el resultado del gran logro del pueblo venezolano en el sentido de haberse mantenido la paz en el país, por encima de todos los pronósticos agoreros, las provocaciones y los crímenes de odio de la derecha nacional e internacional. La convocatoria de Medina es un triunfo de la paz y no de los violentos.

Pero no todo es necesariamente negativo. Obligada por las circunstancias, determinadas en buena parte por la insistencia del presidente Maduro y su Gobierno en su política de llamar permanentemente al diálogo, la MUD ha decidido, aunque vergonzosamente, asomarse a la ventana abierta en República Dominicana y presentarse por allá, sin terminar de aceptar la invitación a dialogar, tal como se establece en su comunicado: “Se ha decidido enviar una delegación para reunirse con el Presidente Medina en la cual se le presentará los objetivos de la lucha democrática nacional”. Sin embargo, para tratar de quedar bien con los más radicales de la derecha, no podía faltar la bravuconada: “El tiempo de gestos simbólicos se ha terminado. Para entrar en una negociación seria, exigimos acciones inmediatas que demuestren verdadera disposición a resolver los problemas nacionales y no para ganar tiempo”.

Probablemente la MUD va a intentar estirar el compás hasta el 15 de octubre, a ver cómo les va. El resultado de las elecciones regionales, que no es para nada fácil pronosticar, podría facilitar el diálogo, si la derecha muerde el polvo de la derrota. La fecha no está lejos, y no sería tan difícil para ellos inventarse una manera de mantener la puerta abierta sin que necesariamente entren a la fiesta o definitivamente desprecien la invitación.

Nuestro Presidente, con inteligencia y coherencia, ha aceptado asistir a la convocatoria en Santo Domingo. Por otra parte, muy probablemente la derecha ha estado explorando posiciones en este escenario, a escondidas, con vergüenza. Ellos son así, qué le podemos hacer.

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