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Rafael Guerra Ramos: El socorrido pretexto

Durante más de medio siglo los voceros del régimen castrista han enarbolado como causa de la ruina económica de Cuba y de las penurias de su pueblo el bloqueo económico de los Estados Unidos. En la primera década la excusa lucía creíble. Seguía fresco el recuerdo de Bahía de Cochinos. Pero el proceso de derrumbe del país no podía ocultarse detrás de las estadísticas trucadas y de los kilométricos discursos de Fidel.

En efecto, era muy difícil ocultar los estragos de la pobreza indefinidamente prolongada, sobre todo después del catastrófico derrumbe de la Unión Soviética y del cese definitivo de la ayuda. Los Castro jamás aceptarían como causa de esa dolorosa realidad el fracaso de sus esfuerzos dedicados a la edificación del paraíso socialista. A falta de convincentes razones, su competente aparato propagandístico se encargaría de convertir la agresión imperialista (primero Playa Girón, el bloqueo después) en la causa fundamental y única de todos los males de la martirizada isla y, de paso, en demostración de su “heroica” y victoriosa resistencia.

Maduro, ex alumno de la escuela de cuadros del partido comunista cubano, entrenado para mejor servir y, por lo tanto, conocedor de las técnicas propagandísticas y de las astutas manipulaciones del régimen, ha demostrado que no perdió su tiempo. Ante el agravamiento de la crisis económica y social del país, levantó, urbi et orbi, el espectro de la “guerra económica”, provocada y dirigida por el imperio y los apátridas enemigos de la “revolución bonita”.

Sistemáticamente se ha negado a permitir la ayuda humanitaria ofrecida por muchas instituciones y ONG de numerosos países. Hacerlo significaría admitir el fracaso de su régimen.

Dos días después de conocidas las sanciones económicas decretadas por Donald Trump contra altos funcionarios y contra el gobierno, la presidenta de la ilegal y fraudulenta constituyente señaló que esa agresión imperialista era la causa de la ruina económica y de las calamidades que padecemos. Ya antes había afirmado que no solo no hay escasez, sino que, por el contrario, Venezuela está en capacidad de abastecerse a sí misma y a varios países más. No es un chiste. Ella, al parecer, es una persona seria. Lo cierto es que la causa de esta cruel pesadilla es el imperio.

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