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Earle Herrera: Guarimba trabaja pa’ lapa

Desde el día “glorioso” en que sacó al Bolívar “amulatado” de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup no se había vuelto a sentir en su apoteosis como la noche de las primarias, cuando cada boletín le traía el cadáver fresco de un lechuguino, un patiquín o un petimetre. En un momento de arrebato proclamó: “ahora hay que derrotar a los candidatos del gobierno”, como quien dice, “a estos ya me los eché”. La maldita incontinencia verbal le hizo olvidar que para la hipotética victoria de mañana, necesita de los derrotados de la víspera.

La Cuarta República barrió sin piedad a sus hijastros y nietos: UNT, PJ y VP. Les enseñó quién manda. Ismael García, diablo añejo, lo olfateó temprano y abandonó a los lechuguinos amarillos para cobijarse en los carcamales albos. Para PJ, su diputado le jugó sucio. La violencia guarimbera venía de ser derrotada en el simulacro del CNE ganado por el chavismo y en la elección constituyente. Los patiquines no supieron leer esos nítidos mensajes. Guevara, Requesens, Paparoni y otros le impondrían sus deseos a la realidad. Tercos, todavía se niegan a recoger los vidrios sanguinolentos.

Henry Falcón disfruta y reafirma un aporte chavista: la reelección indefinida. Le ganó a un candidato, Florido, que buscaba los votos de Carora en Washington. La derrota de VP y PJ se da en dos escenarios, ambos antes de las primarias. Primero, mientras estos dos partidos incendiaban bienes y personas en el distribuidor Altamira, los adecos recorrían cada municipio, incluso los de sus adversarios naranjas y amarillos. Segundo, en plena campaña, los jefes de PJ y VP, Borges y Guevara, se fueron de gira por Europa, mientras los veteranos de la Cuarta organizaban, como solo ellos saben hacerlo, centros y mesas electorales. Es decir, antes de que se emitiera el primer voto, lechuguinos, patiquines y petimetres estaban derrotados por sus tatarabuelos puntofijistas.

El viejo refrán colorea el zoo político para decir: “Cachicamo amarillo o naranja trabaja para lapa blanca”. Se los comieron en caldo de ñame. Todavía Ramos Allup disfruta escarbándose los dientes con un palillo en el que salen ensartados restos de sorprendidos lechuguinos.

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