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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Viendo para todos lados

Termina una semana que, desde el punto de vista noticioso, fue presidida por el intento de diálogo entre el Gobierno y la oposición de Venezuela, que se ha llevado a cabo en República Dominicana. La dimensión que puede ser asignada a lo logrado hasta ahora depende de los referentes que se establezca. El hecho de que las negociaciones hacia el diálogo hayan alcanzado concreciones, como la definición de cuatro países garantes y la fijación de fecha próxima (27 de septiembre) para reanudar la ronda, es algo muy relevante, si tomamos en cuenta que hace poco más de un mes Venezuela estaba sometida a una intensa espiral de violencia terrorista. Lo ocurrido en Santo Domingo es una victoria de la relativa paz que hemos logrado (hablar de paz absoluta no tiene sentido, puesto que los planes violentos siguen existiendo a lo interno y las amenazas externas no han cesado).

Por otro lado, la actitud remolona, de doble faz que ha mostrado la oposición, no justifica ningún optimismo en cuanto al futuro del diálogo. Nosotros estamos más cerca del pesimismo que ha manifestado Henrique Capriles, aunque por razones muy diferentes a las de él. Por supuesto, nuestro Gobierno está en el deber de mantenerse firme en su promoción del diálogo, pues ha sido una política coherente, de Estado, de los gobiernos bolivarianos venezolanos.

Lo cierto que resulta muy conveniente que se haya abierto esta ventana al diálogo en los prolegómenos del proceso electoral regional que transcurre en Venezuela. Sin duda, por ahora está casi completamente garantizado que las regionales van a realizarse en paz. Lo que vendrá después está por verse y dependerá tanto de los resultados como de la forma en que los asuman los distintos actores. Para nosotros, amigos de no contar los pollos antes de nacer, el futuro pos 15-O sigue siendo un enigma, y no solo referido a si ganamos, no ganamos o cómo ganamos (o perdemos), sino cuál será el desarrollo posterior de los acontecimientos, incluido, claro está, lo referido al posible diálogo de Santo Domingo. Ya se sabrá.

Por lo pronto no se puede negar que hay cosas interesantes que distinguen a este intento de los anteriores, como la conformación del grupo de países que podrían ser garantes del seguimiento y cumplimiento de posibles acuerdos. El grupo proyecta una especie de equilibrio en el carácter político-ideológico de los participantes. Son dos países gobernados por la izquierda, Bolivia y Nicaragua, y dos por la derecha. México y Chile. No es despreciable la posición positiva asumida por el gobierno de Francia una vez que se conoció la posibilidad del diálogo. Otro tema es que pareciera que se está abriendo, con el encuentro de Santo Domingo, una reconsideración de la visión continental del conflicto político venezolano. El logro de la paz y la hasta ahora victoriosa Asamblea Nacional Constituyente están empujando a cambios en el escenario. No es de extrañar cierto movimiento que se ha visto, por ejemplo, en las más recientes opiniones del rector derechista del Consejo Nacional Electoral, Luis Emilio Rondón, tanto en lo relativo al proceso electoral como en torno al asunto del diálogo. En cuanto a esto último, Rondón se mostró en favor de que se produzca el diálogo entre la oposición y el Gobierno debido a que, a su juicio, eso puede llegar a “abonar las condiciones del entorno electoral”: “La clase política venezolana tiene que dejar la sordera… es fundamental lograr un camino de diálogo que pueda inclusive llegar a una negociación política que abone las condiciones para la recuperación de esta crisis profunda en lo económico, en lo social, en lo institucional, en lo político obviamente”.

Ahora bien, los más recalcitrantes enemigos de la Revolución Bolivariana no están para nada de brazos cruzados, sobre todo en el terreno internacional. Ya comenzó ayer la pantomima montada por Almagro en la tarima de la OEA, con venezolanos traidores jugando su deleznable rol en la promoción de la intervención foránea.

Por otra parte, es digno de atención el hecho de que el lunes venidero se reunirá Donald Trump con los presidentes de Colombia, Brasil y Perú, con el fin de “discutir” temas referentes a la situación venezolana. Significativamente, el encuentro se llevará a cabo en la Torre Trump, ubicada Nueva York. El magnate fascista norteamericano se encontrará con Juan Manuel Santos, Michel Temer y Pedro Pablo Kuczynski entre las sombras de esa noche ¿Para qué? ¿A qué viene esta repentina convocatoria de alto nivel? Es lógico pensar que la cita se relaciona con los eventos que se han venido desarrollando en República Dominicana ¿Habrá alguna morigeración táctica en las posiciones contra Venezuela o se radicalizarán más bien las mismas? La cosa preocupa, sobre todo porque estarán representados en el aquelarre dos países con extensas fronteras con nuestro país ¿Qué se traerán entre manos estos redomados burgueses? Hay que seguir viendo para todos lados, por si acaso.

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