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Cuatro cuentos de Gibrán Jalil Gibrán para quienes nunca han leído un libro

 

Antes de que caigas en las garras de Paulo Coelho, ¡oh amado nuevo lector!, mejor lee estos cuentos de Gibrán Jalil Gibrán igual de intrascendentes pero más bonitos.

Por Redacción Nalgas y Libros

En lugar de correr a comprar un libro con una historia larga que seguramente no terminará, un nuevo lector debe entrar a Nalgas y Libros y leer las narraciones breves que todos los días subimos a nuestro espacio. Así se ahorrará la desgracia de comenzar leyendo algo de Paulo Coelho o –peor aún– de caer en las garras de un comunista que le hará leer una sola visión de la historia y un solo tipo de ficciones.

La mejor idea que se nos ocurre para estos lectores que están por comenzar a formarse radica en estos cuatro relatos de Gibrán Jalil Gibrán, que aunque están lejos de una profundidad decente sí inspiran a seguir el camino de los las letras y las historias.

 

Vestiduras

Cierto día Belleza y Fealdad se encontraron a orillas del mar. Y se dijeron:

-Bañémonos en el mar.

Entonces se desvistieron y nadaron en las aguas. Instantes más tarde Fealdad regresó a la costa y se vistió con las ropas de Belleza, y luego partió.

Belleza también salió del mar, pero no halló sus vestiduras, y era demasiado tímida para quedarse desnuda, así que se vistió con las ropas de Fealdad. Y Belleza también siguió su camino.

Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden una con la otra.

Sin embargo, algunos hay que contemplan el rostro de Belleza y saben que no lleva sus vestiduras. Y algunos otros que conocen el rostro de Fealdad, y sus ropas no lo ocultan a sus ojos.

 

Perro sabio

Cierto día pasó un perro sabio cerca de un grupo de gatos.

Al acercarse y ver que estaban muy entretenidos y despreocupados de su presencia, se detuvo.

Al instante, se levantó en medio del grupo un gato grande y grave, el cual miró a todos y dijo:

-Hermanos, orad; y cuando hayáis rezado una y otra vez, sin dudar de nada, en verdad lloverán ratas.

Y el perro, al oír esto, riose en su corazón y se alejó, diciendo:

-¡Ah! Ciegos y locos gatos, ¿acaso no fue escrito y no he sabido yo y mis antepasados antes de mí, que lo que llueve merced a las oraciones, a la fe y a las súplicas, no son ratas, sino huesos?

 

Sueños

Un hombre tuvo un sueño y, cuando despertó, visitó a un adivino y quiso que éste lo descifrase.

Y el adivino dijo al hombre:

-Ven a mí con los sueños que contemples en tus momentos despiertos y te explicaré sus significados. Pero los sueños de tu dormir no pertenecen ni a mi sabiduría ni a tu imaginación.

 

Los constructores

En Antioquía, donde el río Assi corre a encontrarse con el mar, se construyó un puente para acercar una mitad de la ciudad a la otra mitad. Fue construido con enormes piedras traídas desde lo alto de las colinas sobre el lomo de las mulas de Antioquía.

Cuando el puente fue terminado se grabó sobre el pilar en griego y en arameo: “Este puente fue construido por el Rey Antioco II”.

Y toda la gente cruzó el buen puente sobre el manso río Assi.

Una tarde, un joven, tenido por algunos como un loco, descendió hasta el pilar donde se habían grabado las palabras, y las cubrió con carbón y escribió por encima: “Las piedras del puente fueron traídas desde las montañas por las mulas. Al pasar de ida o de vuelta sobre el puente están cabalgando sobre los lomos de las mulas de Antioquía, constructoras de este puente”.

Y cuando la gente leyó lo que el joven había escrito, algunos se rieron y otros se maravillaron.

-Ah, sí -dijo uno-, sabemos quién hizo esto. ¿No es acaso un poco loco?

Pero una mula dijo, riéndose, a otra mula:

¿No recuerdas acaso que verdaderamente nosotras acarreamos esas piedras? Y, sin embargo, hasta ahora se decía que el puente lo había construido el Rey Antioco.

 

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