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Carlos Raúl Hernández: El retrovirus

Con las elecciones primarias para elegir los candidatos opositores, la sociedad se levantó del suelo donde la doblegaron dos años erráticos. Los partidos democráticos reaccionaron valiente y acertadamente y se lanzaron a fondo, con valor, y ganador indiscutible resultó Acción Democrática, con doce proto gobernadores, más de 50% de los cargos, sorpresa y desagrado para varios. PJ con cinco, VP con dos y otros con uno cada uno. Unamuno escribió a propósito del Cristianismo que agonía era una noción positiva, la lucha por la vida, y la muerte precisamente el fin de la agonía. La sociedad agónicamente se enfrenta a una fiera bicéfala: el gobierno que ha hecho maquiavélicamente lo necesario para desestimular el voto, y su principal aliado, el colaboracionismo abstencionista, un retrovirus político. Repiten incansables los argumentos sistemáticamente aplastados por la realidad.

Alarma que no se hayan dado cuenta del fracaso –más bien ridículo– de sus ensayos desde 2002, 2003, 2004, 2005, 2014, que luego tomaron el control de la oposición y labraron las dos dolorosas derrotas de 2016 y 2017. Su esquema es primate: insultar a todo el mundo, lloriquear y calle, como si quienes salieran a marchar fueran robots y no seres humanos que mueren inútilmente por efecto de elucubraciones. Por si no hubieran propiciado suficientes desventuras, su objetivo central, su única preocupación sigue siendo desacreditar, ensuciar, encanallar, a los dirigentes democráticos. Algunos llegan a los extremos de ignorancia y turbia fe de comparar los índices de participación en unas primarias (cuya media mundial es de entre 8 y 10% del padrón) con los del referéndum popular (16 de julio) para destacar de la “abstención” que enlodaría el evento. Retórica para beneficio del gobierno.

Los indestructibles
En Matrix, Mr. Smith le explica a Morfeo que los virus tienen la inteligencia de convivir con el receptor, mientras el retrovirus tiende a matarlo y con ello se destruye a sí mismo, una de las mayores demostraciones de ineptitud en la naturaleza. Los resistencios, abstencionistas, calle-calle, mártires de Brickell, guerrillas off shore, pueden existir gracias a que los partidos actúan, aciertan y se equivocan, pero se dedican a destruirlos. Son la incapacidad para construir en estado puro, no plantean nada que sirva, sus declaraciones son irrelevantes, consignas vacías para afiches y su trayectoria política es de gaffes una tras otra. Viven gracias a que los partidos están ahí y si no estuvieran, se disolverían a su ocio existencial, desaparecerían en la nada. El único contenido de sus forzadas y hueras alocuciones, o de los 140 caracteres, son invectivas, calumnias, rencor y procacidades contra quienes actúan.

Lanzan bolas de odio sin tener autoridad política ni mucho menos moral. El día después de las primarias la pregunta general era sobre el éxito de Acción Democrática –esta semana de cumpleaños– y la irritación por su emergencia. Si la Historia tuviera algo que ver con la suerte de los partidos, sobrarían las razones. AD dirigió la construcción de la democracia y la transformación de Venezuela de una aldea 80% campesina al país más moderno de Latinoamérica, en el vertiginoso plazo de veinte años, apoyado por Copei para superar el golpismo y la insurrección armada. Las prédicas incansables de la derecha y la izquierda contra la república de clase media que era Venezuela, y el extraño comportamiento del partido al destituir a un Presidente de sus filas precisamente mientras corregía los errores de la democracia, trajeron esto. Y los pimpollos de la quinta aún repiten las bobas adulteraciones acerca de la realidad puntofijista.

Encuentros casuales
Pero a otros partidos históricos como AD, constructores de naciones, eso no los salvó de la muerte y el resultado de las primarias tiene que ver con otras cosas, como la solidez de los liderazgos regionales y el hábil manejo de la coyuntura por la jefatura nacional. Mientras otros se dedicaban a oler lacrimógenas en estos meses negros, Henry Ramos se fue a mover la maquinaria en el interior del país y obtuvo sus resultados. Así enfrentarán las elecciones más difíciles que tuvieron lugar en Venezuela, por varias razones referidas tanto al gobierno como a los opositores. Desde hace semanas, circula una supuesta intención de inhabilitar candidatos en estados de gran importancia, o incluso simplemente posponer o suspender el proceso electoral. Para eso el gobierno cuenta con un recurso autoritario especial, esa monstruosidad llamada constituyente, aparte de los consabidos CNE y TSJ.

Desde el punto de vista de la oposición, el manejo pueril de los problemas surgidos en Aragua y Amazonas, hace temer por las consecuencias. Es perfectamente normal que se presenten conflictos en una elección regional o local y eso no tendría que afectar el proceso globalmente, si los principales conductores llevan el asunto con prudencia y sentido político. Pero si desde los altos niveles se contribuye con ráfagas de viento para el incendio, se multiplica su fuerza y puede convertirse en un siniestro. Para contribuir en la empresa de echar pelos a la leche, fue lo del encuentro en Santo Domingo, paradójicamente una de las últimamente escasas buenas noticias. Ocurre el extraño fenómeno de que viajan cuatro o cinco dirigentes de la oposición y las contrapartes del gobierno ¿para un no diálogo?, y coinciden en reuniones, todo por una asombrosa casualidad.

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