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Nelson Totesaut Rangel: Apropiación de los símbolos

El pasado lunes, 11 de septiembre, el gran despliegue informativo debía de cubrir una sola cosa: El día de Cataluña. No obstante, la manipulación de la fecha ha generado que un día de orgullo nacional (porque Cataluña es nación, más no país), se convirtiera en un movimiento masivo pro-independentista. La manipulación de las fechas patrias con fines políticos no es cosa nueva. Tan solo basta con ver las imágenes del festivo catalán con un fondo decorado por una bandera ligeramente diferente a la de las barras de Aragón: la independentista. Las franjas intercaladas de rojo y amarillo son puestas a un lado agregándole una estrella (a lo cubano o puertorriqueño) y es empleada y vista como la nueva oficial. Incluso, llegándose a confundir y hacer pasar por la verdadera bandera que se utiliza (aba) desde 1701.

Símbolos
En Venezuela -como siempre- vamos más allá. Aquí patentamos figuras, colores, banderas y escudos; creando una división cultural en donde perdemos parte de nuestra identidad como nación. Primero ocurrió con la bandera, deuda histórica que le teníamos al Libertador. Quien en 1817 ordenó por decreto la incorporación de la provincia de Guayana. Empero, por desidia de los gobernantes, la misma no se modificó hasta el año 2006, en medio de un país fuertemente polarizado. Esto ha generado (por ignorancia plena de su propia historia), que algunos desestimen el decreto bolivariano, pensando que es un invento chavista.

Escudo de armas
El caso del escudo es un tanto diferente. La justificación para su cambio fue, en palabras del mismo presidente Chávez, debido a que su hija (para entonces, menor de edad) le había parecido incorrecta la dirección en que veía el caballo. Por motivos triviales generó polémica. Nuestro diseño anterior había sido producto de la mano de sir Robert Ker Porter, embajador de Inglaterra en Venezuela a principios de siglo XIX. El diplomático no solo era un pintor excelso, sino también un experto en heráldica; la cual refiere a la interpretación de figuras y símbolos en los escudos de armas. Es decir, nuestro escudo era producto de una interpretación detallada de un estudioso en la materia, ahora siendo cambiado por recomendación de un infante.

Próceres
El culto a Bolívar ha de ser la meca de la apropiación de los símbolos. Un proyecto político puede tener cualquier pretexto como raíz; empero, una nación se conforma de una pluralidad de sujetos que piensan diferente. Tildar a un país de “bolivariano” es extrapolar forzadamente esa connotación a toda su población. Bolívar es un personaje esencial en la historia (sobre todo la Latinoamericana), sin embargo, el “bolivarianismo” responde a la corriente de pensamiento política-filosófica que se enfoca en la obra del Libertador. Es decir, uno puede ser venezolano, recocer y respetar a Bolívar, más no bolivariano. De hecho, Bolívar fue un individuo brillantemente inconsistente, es por ello que seguir su línea de pensamiento es tan difícil como confusa. Existe un Bolívar imperialista, socialista, capitalista, dictador y democrático. Una amalgama de pensamiento que se presta para que todos tengamos algo de “Bolívar” dentro nuestro. Por ende, el primer antibolivariano sería Bolívar. Ya que demostró que el culto al pensamiento debía de ajustarse a la realidad vivida, ya que el conocimiento crece, se nutre y cambia.

Despolitización social
Tanto el caso venezolano como catalán, se prestan para evidenciar una apropiación de los símbolos con fines políticos. No todos los catalanes son independentistas; y eso no los hace menos catalanes. Al igual que no todos los venezolanos son bolivarianos; cosa que tampoco los hace menos nacionales. Los cultos, religiones, corrientes de pensamiento, etc. Han de ser decisión personalísima. Y es responsabilidad del Estado mantener una unidad de nación, en donde la mayoría se sienta identificado bajo símbolos comunes que sirvan de cohesión y no de separación.

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