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Miguel Azpúrua: La tregua de Benedetti

Sin duda alguna la novelística latinoame­ri­ca­na se enriqueció cuando el iconoclasta uru­gua­yo, Mario Benedetti irrumpió en la narra­ti­va tan particularmente suya, donde se mezclan y confunden –si se quiere–, la crónica,  el ensa­yo, el cuento y la novela. Especialmente en “La tregua”, donde se advierten reminiscencias de su pasado como oficinista, empleado público, y las vivencias que observa en el devenir del tiempo  y del espacio, transcurridos en esos años de aprendizaje como burócrata; muchos crí­ticos han emitido conceptos no muy enal­te­ce­dores sobre este trabajo literario, del más co­no­cido de los escritores charrúas del siglo XX, haciendo una clara excepción con Eduardo Galeano, más dedicado al análisis geopolítico de América Latina, entendiendo que ambos per­tenecen a distintas generaciones.

“La tregua”, es reflejo de dos criterios evolu­ti­vos, que se produjeron, con los marcados cambios en las sociedades hispanoamericanas, con casi la desaparición del patriarcado colo­nial, entrado en decadencia; y la concepción de la globalización, impuesta por los agentes crematísticos en su afán de obtener –por los medios más diversos– la hegemonía de la tecnología, característica  de la era de las com­pu­­tadoras, entronizada –y controlada– por el multimillonario norteamericano Bill Gates. El drama existencial de un confundido personaje, Martín Santomé enamorado de una hermosa joven –que bien puede ser su hija–, Laura Avellaneda; en una relación asimétrica, confu­sa, y contraria  al trágico destino del mito de Sófocles, “Edipo-rey”. En ambos casos el in­ces­to se hace presente, hijo-madre en Edipo, y padre-hija, en la narración de Benedetti; con ribetes de culpabilidad, desesperación, y con visos de suicidio, sobre todo cuando el pro­ta­go­nis­ta “ata cabos” y la conclusión se evidencia. Esta temática fue llevada al cine, con la dirección de Sergio Renán, y concursó por el premio “Oscar” de Hollywood, en 1974.

Casi seguidamente el uruguayo, publica “Gra­cias por el fuego” en 1965; que representa las dis­torsionantes circunstancias que paralela­men­te viven los integrantes de  3 generaciones, de un opulento hombre de negocios uruguayo; en sór­dido contraste con su hijo –a quien el “viejo” califica de inútil–, y la aparición en escena del nieto, contestatario, militante de la izquierda, y dispuesto a dilucidar intereses y duras opiniones contrarias con el abuelo. “Gra­cias por el fuego” aborda la temática política, conflictiva y polémica, que  provocará para Benedetti el ostracismo y el deambular entre Europa y América, con estadías en la Cuba de los Castro, desempeñándose como director del Centro de Investigaciones  Literarias de la Casa de las Américas.

Mario Benedetti nació en Paso de los Toros, de­partamento de Tacuarembó, Uruguay, el 14 de septiembre de 1920; hijo de inmigrantes ita­lia­nos, Brenno Benedetti y de Matilde Farrugia. Lue­go de estudios inconclusos fundamen­tal­men­te por problemas económicos familiares, de­be trabajar desde los 14 años en una empresa de repuestos automotrices;  convirtiéndose  en au­todidacta. Residió mucho tiempo en Buenos Aires; y fue redactor en la revista irreverente “Marcha”, clausurada durante el Gobierno “gorila” de Juan María Bordaberry, en 1974; y será extrañado hacia Argentina, siguiendo a Perú, donde se vio envuelto en un lío político con pena de expulsión. De allí a México y Cuba, como ya relatamos.  Casado con doña Luz López Alegre desde 1946, hasta que ella falleció en 2006.

Su producción literaria es prolífica, con casi 100 publicaciones, que comprenden sus etapas periodística, poética, ensayista, cuentista y no­ve­lística; sus trabajos han sido traducidos a va­rios idiomas, y fue merecedor de varios galar­do­nes internacionales, como el “Jristo Botev” de Bulgaria, el “Francisco Miranda” de Vene­zue­la, el de Amnistía Internacional en Bruselas, el “Gabriela Mistral” de Chile, el “Haidée Santamaría” de Cuba, el “Reina Sofía” de poesía iberoamericana, de España, entre mu­chos.    Destacan además de las novelas reseña­das aquí, “Poemas de la oficina”, “El país con la cola de paja”, “Montevideanos”, “Letras del continente mestizo”, “Primavera con una esquina rota”, “El ejercicio del criterio”, “La cul­tura, ese blanco móvil”. Además protago­ni­zó varias películas y documentales, narrando poesía en idioma alemán. Los invito a leer este poema corto del vate uruguayo, que tituló “Pausa”: “De vez en cuando hay que hacer una pausa/ contemplarse a sí mismo/ sin la fruición cotidiana/ examinar el pasado/ rubro por rubro/ etapa por etapa/ baldosa por baldosa/ y no llorarse las mentiras/ y cantarse las verdades”.

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia,  falleció en su casa de habitación en Mon­tevideo el 17 de mayo de 2009; su cadáver fue conducido hasta el Panteón Nacional  por miembros de la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay, asimismo  integran­tes de gremios de trabajadores, y también mu­cha gente del  pueblo que lo acompañó, después de la “tregua de larga vida”, (88 años) que la Parca le concedió. Y como nuestro  gran ami­go,  el inolvidable Alí Primera señaló en su “Can­to Oriental”, al puntualizar en su honor: “Y como dice Benedetti, ni colorín, ni colo­ra­do, el canto no se ha acabado…”.

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