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Jesús A. Rondón: Crisis del transporte en Maracaibo: una oportunidad

Cientos de trabajadores y trabajadoras en Maracaibo salimos cada mañana de nuestros  hogares a experimentar un calvario: el del “transporte público”. Observo a la mayoría que resignados van a esperar largos tiempos, a incorporarse en una lucha feroz con otros usuarios o usuarias por conseguir un puesto en un carrito por puesto o a ir de “banderita” en un bus.

En las paradas de las rutas hay largas colas e incertidumbre en el  costo del pasaje, pues cada chofer en su cacharro pone el precio que quiera.  El personal de las direcciones de transporte de las Alcaldías de Maracaibo y San Francisco brilla por su ausencia, así como cualquier otro ente oficial. Este calvario se repite de regreso a casa luego de cumplir nuestra jornada laboral y lo vive cualquier persona que requiera movilizarse en esta ciudad. Líderes de los gremios de transportistas exponen que paulatinamente se reduce el número de unidades disponibles.

La fuerza de la realidad ha forjado un consenso: experimentamos una crisis en el “transporte público” en Maracaibo. La causa invocada es la ausencia y el alto costo de los insumos y repuestos para mantener en movimiento el parque automotor.  Coincido con la idea de la crisis, pero creo que las características de las unidades que prestan servicio son la razón fundamental a mi juicio de la situación actual.  En Maracaibo tenemos la vergüenza de contar mayoritariamente con vehículos sedan (de 4 a 5 puestos) como  unidades transporte en vez de buses o autobuses. Esta característica hace ineficiente  y costoso el mantenimiento de la flota, por lo tanto insostenible.

Ahora tenemos una oportunidad para constituir un verdadero transporte público y en consecuencia maximizar la movilidad en la ciudad, incorporando autobuses que sustituyan este parque automotor de los sesenta y setenta. No podemos seguir financiando con dineros públicos a los carritos por puesto, es la oportunidad de irlos desincorporando de una vez por todas. Se debe implementar un plan de contingencia donde a aquellos trabajadores del volante que han estado gran parte de su vida en este oficio se les reconozca  el derecho a pensión y los que puedan seguir como transportistas opten por buses para uso exclusivo de usuarios y usuarias.

Para que sea un verdadero transporte público debe haber  una operación mayoritaria del Estado y en menor medida de los privados con regulaciones verdaderas, adecuar las vías, implementar paradas humanizadas y frecuencias accesibles, entre otros. Si superamos las deficiencias en la gestión del BusMaracaibo  o como popularmente se le llaman, “los buses rojos” podemos contar una referencia. Igualmente podemos mirar otras experiencias en el país  y en el mundo. Finalmente una estrategia de este calibre implica la  promoción de la organización de los usuarios y usuarias para ejercer la labor de contraloría. Una oportunidad así tiene no pocos enemigos históricos, pero si no la aprovechamos solo encontraremos un destino: vivir el calvario de los carritos por puesto.

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