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Maryclen Stelling: Crisis e indolencia: Crisis e indolencia

Transitar por las calles de la ciudad -independientemente de la afiliación política de la respectiva autoridad local- resulta una aventura peligrosa y, en ocasiones, mortal. A la actual crisis multidimensional hay que agregar la crisis de gobernabilidad que, en una suerte de matrimonio perverso, cohabita con la crisis de participación de una ciudadanía pasiva, víctima y, en cierto sentido, cómplice.

Gobernabilidad tiene que ver con la calidad y capacidad técnica y política del sistema político (Estado/Gobierno) para generar y ofrecer soluciones eficientes a las demandas de la sociedad.

Ante la ruptura del estado de equilibro dinámico entre las demandas de la ciudadanía y la capacidad del sistema político para responder de forma eficaz y legítima, frente a las actuales reglas del juego político y la politización de la gestión de gobierno, en detrimento de la propia gestión; ante los conflictos en razón de la disputa de poder entre actores políticos y el conflicto institucional, es indudable que la ciudadanía ya no ocupa un papel central.

Calles desbordadas por desechos sólidos, vías rotas y huecos de tamaño y profundidad impresionantes; alcantarillas sin tapas que hay que sortear; aceras en mal estado y, en muchos casos, destruidas; botes de aguas blancas y aguas negras que, cual riachuelos, corren impunemente y nos convierten en saltimbanquis; ausencia de alumbrado público que torna la noche en una aventura de terror. A ello se añade la inseguridad que “peligrosamente” nos acompaña, mientras abandonamos apresuradamente el tenebroso espacio público y llegamos a nuestra casa, verdadera guarimba, refugio supuestamente inviolable, lugar sagrado que creemos seguro.

Una población abocada a solventar sus necesidades de subsistencia que olvida sus derechos… Suerte de dejadez y de autoexclusión de la ciudadanía al aceptar pasivamente la ineficiencia y el gradual deterioro del medio ambiente y su calidad de vida. Una sociedad doblegada… y curiosamente volcada a la confrontación política y derrota del adversario… Una sociedad alejada de luchas más amplias ajena al control democrático de la gestión pública.

Atrás en la historia reciente parece haber quedado la ciudadanía demandante y participativa, el poder popular y protagónico.

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