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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Diálogo y regionales (29-09-2017)

Dijimos hace días, e insistimos en ello, que el futuro del proceso de diálogo, entre el Gobierno y la MUD, sobre la situación de Venezuela dependerá del resultado de las elecciones del 15 de octubre. Probablemente es esta una de las razones principales de que la MUD le esté dando largas al asunto, con una posición de “voy, no voy, me quedo si…, me salgo si no…”. Será acaso como todo en el devenir inmediato, sujeto a esas elecciones que a nosotros nos lucen inciertas, con resultados difíciles de pronosticar.

Con acierto, la comisión del Gobierno venezolano para el diálogo hizo acto de presencia en República Dominicana. Es decir, cumplió con la cita, lo cual es absolutamente coherente con la política del Estado en relación con esta búsqueda de acuerdo, que es expresamente promovida por casi todos al nivel internacional, pero que es igualmente torpedeada por muchos de quienes dicen respaldarla. Por supuesto, la derecha internacional no tiene como objetivo coadyuvar a la paz en Venezuela, sino salir de Maduro y dar al traste con la Revolución Bolivariana. Ese es el objetivo manifiesto de los jefes de todos, Donald Trump y la cúpula extremista que conforma su entorno, por más que algunos a veces se les muestren díscolos en ciertas circunstancias. Hay que guardar las formas, pensaran los muy hipócritas.

Completando la faena, la comisión gubernamental venezolana realizó una reunión con el ex presidente Rodríguez Zapatero y con el canciller dominicano, Miguel Vargas, en la cual se habría trabajado en una propuesta previa al aun hipotético diálogo.

La MUD, por su parte, y como se ha dicho, sigue con el tira-y-encoge. En un comunicado publicado ayer, la entente opositora aseveró que continuará con la “fase exploratoria” del diálogo cuando “sean removidos los obstáculos” que, según ellos, ha colocado el Ejecutivo de nuestro país. Ya nos han venido acostumbrando a los eufemismos en su comunicación política. En realidad, cuando hablan de “fase exploratoria”, se refieren a todos sus movimientos para tratar de entrar con ventajas al posible diálogo, obligando al Gobierno a ceder antes de sentarse a negociar, sin entregar ellos nada a cambio. Es lo mismo que hicieron en los anteriores intentos, poner condiciones difíciles de cumplir, mostrarse inclinados al diálogo que la mayoría del pueblo aprueba, pero sabotearlo en la práctica. Para no dejar a la gente en el aire, la oposición incluye en su comunicado que “cualquier avance, pausa o retroceso será informado oportunamente”. Oportunismo en estado puro.

Por otro lado, Jorge Rodríguez ha asomado, con alta probabilidad de acierto, que el problema con la oposición es que están divididos en torno al tema del diálogo y afirmó, en la capital dominicana, que se quiere que “los problemas domésticos entre partidos obstaculicen este proceso de diálogo”. Como es sabido, la principal fractura en la oposición venezolana es la que existe entre los más y los menos extremistas, por llamarlos de algún modo (hemos usado antes los términos “radicales” y “electoralistas”, que ahora se nos antojan fallidos o al menos desfasados).

Con un optimismo acaso injustificado, aunque nunca se sabe, el canciller dominicano ha dicho ayer que es “muy seguro” que esta misma semana el Gobierno venezolano y la oposición volverán a reunirse en Santo Domingo. En este caso, el adverbio “muy”, que normalmente reforzaría la connotación del adjetivo, más bien lo pone “muy” en duda.

El problema con el diálogo, vamos a repetirlo, es que nadie ha avasallado a nadie. Ha habido intercambio de victorias y derrotas. Nosotros hemos salido victoriosos más recientemente, pero eso no significa que la oposición esté definitivamente derrotada. Nosotros perdimos feamente las elecciones parlamentarias de 2015 y ellos pensaron que nos tenían montados en la olla, y evidentemente no era así. En la situación actual, el Gobierno y la oposición son dos fuerzas que tiene cada una sus ventajas y sus desventajas (ahora mismo pareciera que estamos mejor que ellos). Nadie está liquidado y nadie tiene el mandado hecho. En perspectiva, acaso se puede hablar de un relativo equilibrio. Esto -parece mentira- más bien atenta contra el diálogo, sobre todo porque la estrategia opositora no ha cambiado, quieren salir de Maduro antes de que este pueda consolidarse, si es que lo logramos. Por eso sus condiciones, por eso su empecinamiento. Todos los recientes diálogos relativamente exitosos conocidos se han dado en una situación de desequilibrio político. Venezuela y Centroamérica, siglo pasado: guerrillas derrotadas. Santos-FARC: guerrillas estancadas. Cuba-Obama: Cuba estabilizada, gusanera en desbandada. Y antes, Estados y Vietnam en París: Imperio vencido por las armas.

En ese contexto, las elecciones regionales cobran una importancia cardinal. El lunes solo faltarán 14 días para este acontecimiento. Va llegando la hora de que le entremos al Análisis del mismo, tarea que no está fácil.

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