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Luis Fuenmayor Toro: El día después

Así comienzan a titular sus artículos quienes se están preparando para asumir la conducción del país, luego de la salida próxima de Nicolás Maduro. Quizás cuentan los pollos antes de nacer, pero en todo caso hay que prestarles atención, pues las medidas que preparan para ser instrumentadas ni son tan novedosas como las presentan, ni necesariamente han resultado adecuadas en el pasado político económico venezolano. Muchos de ellos han estado al frente del Gobierno, y sus prácticas llevaron a Venezuela a un estado tal de deterioro y de desesperación, que hizo posible que los venezolanos pusieran sus esperanzas de redención en una reina de belleza y un militar aventurero, simplemente porque la primera fue eficiente como alcaldesa del municipio más rico de Venezuela y, el otro, asumió su responsabilidad en un golpe de Estado fracasado.

Una primera diferencia con los salvadores fracasados del pasado radica en el diagnóstico que hacen de lo ocurrido. Sus responsabilidades no aparecen para nada y atribuyen todo a la aplicación de un modelo basado en una ideología equivocada, cuando en realidad la causa del desastre es la misma que la responsable del fracaso del bipartidismo adecocopeyano, donde la supuesta ideología señalada como causante no estuvo presente. Lo volvemos a repetir: tenemos cien años vendiendo materia prima, combustible fósil, petróleo crudo, mercancía muy apetecida por el mercado, pero simple materia prima, sin valor agregado ninguno, por lo que dependemos de los vaivenes del precio de mercado de la misma. Si agregamos que estamos en manos de una mafia ignorante, sectaria y codiciosa (corrupta), completamos el cuadro de responsabilidades de la crisis.

Equivocar el diagnóstico adrede, es decir, engañar a la gente con un errado diagnóstico, tiene como fin darle paso a las medidas económicas, políticas y sociales, que los “salvadores” de la patria proponen, las cuales no pasan por transformarnos en un país que industrialice su petróleo aguas arriba y aguas abajo, que desarrolle las ciencia y la tecnología y que impulse la creación de empleo formal calificado bien remunerado. Se trata de dirigir al país hacia el extremo de vender PDVSA, con la excusa de que la empresa está por el suelo, lo que a su vez reduciría su precio a un monto muy conveniente a las transnacionales petroleras del mundo. De regalar las empresas de Guayana, que también fueron quebradas por los rojo rojitos; de desprendernos de las empresas de telecomunicaciones, pues el Estado sólo debe vivir de los impuestos, y cosas por el estilo que ya hemos discutido en el pasado.

Ya hablan y escriben claramente sobre estas salidas, además de la necesidad de obtener otros préstamos de organismos multilaterales, es decir más endeudamiento. Quieren tenerlo todo listo para el momento de la derrota electoral del Gobierno-PSUV, cosa de evitar improvisaciones y sorpresas. Esto necesariamente obliga, a quienes hemos hecho oposición al Gobierno y a los “salvadores”, a actuar seria y coordinadamente para presentarle al país nuestras proposiciones estructurales y coyunturales ante la crisis, así como ofrecer nuestro liderazgo para la dirección del país. No se puede perder tiempo. Si no, repetiremos el ciclo vivido desde 1983.

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