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“Virutario”: nuevo poemario de Leandro Area

Leandro Area Pereira nació en Caracas, Venezuela, en 1950. Su obra poética comprende  los siguientes títulos: Henry Morgan lo sabe (1986); Exceso de presente (1997) y La casa extraviada (2000)

Se ha publicado además una recopilación de su trabajo bajo el título de “Mía Poesía. Antología personal” (2003) el cual recibió elogiosa observación en reseña escrita por el Profesor Héctor Jaimes de la Universidad de Cornell incluida en el Handbook of Latin American Studies de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (vol.54, Sept. 2014)

Aparece ahora su más reciente obra: VIRUTARIO, a la venta a través de AMAZON. De este nuevo trabajo el autor nos confiesa: “Al releerlo percibo que los poemas contenidos en mi nuevo libro, ya ni tan mío, desean y necesitan ser más comunicativos que los anteriores. De allí que quieran, ellos, ser llamativos y servirse de mí, de la exclamación o del guiño, para ser atendidos y escuchados. Son casi que infantiles o abuelos en su ambición por compartir. Nunca ahora tan valedero aquello que escribí alguna vez: Mi profundidad yace en la superficie”

“Bordeando el territorio de lo narrativo encuentro además que son teatrales, se expresan, se dicen más hacia afuera que desde adentro si atendemos a una cierta clasificación direccional, brumosa, confusa e inexacta. También, en general y en promedio, son más extensos que los incluidos en mis publicaciones anteriores. También hay un mayor tejido entre ellos, dependen uno de otro. Hablan entre sí, conversan o discuten. Hay una historia común, si se quiere; substancia única, no solo por quién lo escribe sino sobre todo por el sentido de lo que se escribe. Se trata, podría decirse, de un solo poema dicho desde distintas texturas, afines sí pero desiguales”

En los poemas que componen VIRUTARIO se contienen vivencias en las que se confunden, complementan y rechazan, los datos biográficos del autor con la situación de su país-mundo. “Es hora de recoger y despedirse” parece nos dijera el poeta, pero no como quien redacta su epitafio o distribuye herencias antes del viaje sino como el que se prepara, madura y ejecuta los rituales de su propia trasformación. Es el acompañamiento solitario y solidario de la viruta vital que flota en el ambiente. Es el viaje consigo mismo, flexión y reflexión, con lo que carga y con lo que le falta, y con lo que inesperado se asoma y te sorprende en el placer o en el dolor que otorgan los descubrimientos que la poesía derrama desde su interior. VIRUTARIO no es cementerio fósil, es prospera semilla recogida para sembrar de nuevo.

Apoyado en un lenguaje que el autor califica de “trayecto entre minero y agricultor”, se enseña una ruta constante en su trabajo con lo cual se vendrían a ratificar las que han sido sus persistentes ambiciones y que se enseñan, ahora con más vigor, como raíces centrales de sus reciedumbres y convencimientos poéticos, y que se sintetizan en las esplendidas y entrañables evocaciones y escenarios que nos deja este libro, único como todo pero exclusivo, pleno de personajes, territorios y música inolvidables.

Leandro nos ayuda a entender sus laberintos cuando nos dice: “Mi país, Venezuela, lo que fui con los míos, ya no existe. Todo quedó flotando entre las olas. Somos el naufragio que seguimos siendo. Imagen turbulenta de gerundio insaciable. Virutas de identidad que flotan para ayudar, tal vez, a reconstruir viviendo”

VIRUTARIO es pues, me digo después de su lectura, taller desde el lenguaje para elaborar el adiós, o anunciar el posible reencuentro con lo amado mientras la melodía se transpira en el baile, o  ejercer el amor que se unta con el olor-sabor nostálgico de frutas tropicales u oír la algarabía de pájaros cinéticos que  tiemblan frente al silencio de las piedras que el tiempo ha diseñado.

Y desde mi perspectiva de lectora observo y siento ahora en la distancia de quien escribe a un desconocido viajante que pasa sobre el agua y nos deja su pañuelo perfumado de adiós y tal vez de hasta pronto.

Bello y trabajado libro, hecho de pasión y con esmero. Orgullo y celebración de lo vivido. Como para leerse, leernos y rescatarnos, otra vez.

Monika Rug

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