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Alberto Mansueti: La maraña y el rompecabezas

El 7 de noviembre se cumplirán 100 años de la Revolución rusa de Octubre (el 25 en el calendario juliano). Y desde 1917, los países han estado aplicando recetas socialistas. Por eso han acumulado demasiados problemas, económicos, políticos, culturales y morales, educativos, de salud; de todas clases. Las rectificaciones han sido pocas, tímidas y parciales.

Así los problemas y sus pésimas consecuencias se han agravado y multiplicado; y se han anudado y enmarañado las cadenas de causas perversas generando efectos malos, los que su vez causan otros peores. Para colmo, andamos cortos de visión en estos tiempos, y esto no se ve claro, porque no se entiende bien.

¿Hay soluciones? Sí: reformas para revertir el curso a la izquierda. Pero los problemas se hacen un embrollo, una maraña muy enredada: hay que desenredar o cortar los hilos. Y las reformas son como las piezas del rompecabezas: hay que poner todas, cada una en su lugar. No es fácil, pero no hay otra salida. Ejemplo: el caso de Donald Trump, que en estos días se ha topado con la maraña.

(1) Hay que bajar la carga impositiva. Pero eso sería irresponsable si a la vez no se baja el gasto público, porque de otro modo subiría el deficit fiscal, y/o la deuda pública. Así que se debe recortar mucho y drásticamente la burocracia. Pero no se puede si el Congreso no apoya, porque se requiere  derogar total o parcialmente muchas leyes malas.

(2) Para los ex burócratas desempleados debe haber empleos productivos, y las empresas son las que pueden hacerlos. Ayuda reducir impuestos; pero hay también que liberalizar o al menos flexibilizar las contrataciones laborales. Y aliviar la carga regulatoria en general, para que así las empresas puedan reducir costos, y atraer inversiones. Otra vez: auxilio del Congreso se necesita.

Estas dos primeras reformas, las mayores, son complementarias; no se puede hacer una sin la otra; y deben tener apoyo de opinión y prensa, y en la “cultura ambiente”, muy sesgada a la izquierda. De otro modo, el rechazo es generalizado.

(3) Pero es imposible si profesores y maestros, que están para enseñar, imprimiendo su sello en la cultura y la opinión, son casi todos marxistas. O sea: ¡hay que privatizar también la educación!

Es que los diversos males se refuerzan y realimentan entre sí. Es la maraña entretejida entre cultura e instituciones; se debe cortar. Y es por el lado de las leyes. Porque hay que recuperar la cultura del trabajo; pero es imposible si las leyes e instituciones castigan el trabajo, y pagan el parasitismo. La cultura es producto de las instituciones, no al revés, porque las leyes deben dar los incentivos: los premios y castigos para retribuir buenas y malas conductas, respectivamente.

(4) Trump quiere detener y aún revertir los fuertes avances socialistas en la atención médica de la Era Obama. ¿Y cómo va a des-socializar la medicina sin una decidida re-privatización de la medicina?

(5) Mucha carga en el Presupuesto y deficit fiscal hacen las obligaciones del Estado para jubilaciones, pensiones y otros gastos “sociales”; ¡pero son “intocables” en la mentalidad socialista!

Otra maraña de hilos enredados: los gastos médicos y sociales a cargo del Estado son para “aliviar” la pobreza; o sea para subsidiarla, no para reducirla. Para reducirla son las dos primeras reformas; pero si nunca se hacen, o se hacen con timidez y cuentagotas, como de vez en cuando sucede en los países, no se crea riqueza suficiente como para descargar “gasto social” de las arcas del Estado, ni para ganar piso de apoyo suficiente en la sociedad.

¿Ves por qué Trump debe atacar la maraña con las cinco reformas, todas, y juntas? Porque están muy ligadas: son piezas componentes de una única y “Gran Devolución”. ¡Como en el rompecabezas!

Otro ejemplo, pero bueno, trae Juan Ramón Rallo en El Confidencial del día 25: “Angela Merkel ganó ayer su cuarta elección consecutiva”, muy por sobre los socialistas, pese a perder casi un millón de votos demo-cristianos, a manos de la derechista AFD. ¿Explicación? Desde 2007, el PIB real subió un 11 %, la inflación cayó a 1,3 % anual, hay 4,5 millones de nuevos empleos, y el paro está en su menor tasa desde el año 1980. Bajaron el deficit fiscal y la deuda pública, y creció el ingreso per capita, reduciendo de paso la desigualdad. ¿Cómo se logró?

En gran parte, cortando la maraña de la improductividad, con la flexibilidad laboral, pieza clave del rompecabezas. La empresa puede obviar los convenios colectivos, y ajustar los salarios a su propia coyuntura. Y las inversiones llegan, para aumentar la eficiencia de los trabajadores, y sus salarios reales. La estabilidad macroeconómica sirvió para hacer reformas microeconómicas y estructurales, no para postergarlas sine die y evitarlas, como en América latina. Con razón, Rallo concluye que es más mérito de su partido demo-cristiano que de la Sra. Merkel, aunque a ella le ha servido para asemejarse a los grandes: Adenauer y Kohl.

En EE.UU. hay una gran tradición de respeto a la ley, casi una devoción. Eso es muy bueno cuando las leyes son racionales y justas, e incentivan sanos principios, normas y valores, en lugar de castigarlos. Pero cuando los socialistas llevan muchas décadas haciendo leyes malas, la cultura de la obediencia a la ley vigente es un gran obstáculo para las reformas. Por eso, qué pena, Trump no va a lograr mucho.

En América latina no hay esa cultura; la ley no es tan importante aquí. Y eso es muy malo cuando las leyes son racionales y justas; pero las nuestras no lo son. ¿Qué vamos a hacer pues los del Movimiento Cinco Reformas, si empezamos a ganar elecciones, y tenemos oposición en el Congreso? ¿Disolverlo o algo así? No. Podemos hacer algo que Trump no puede: convocar a un “Referendum Nacional contra las Leyes Malas”, previa campaña informativa.

Los liberales clásicos somos partidarios de la “República”, un Gobierno limitado “por consentimiento” (según Locke), es decir que sea “representativo”. O sea que la democracia debe ser “representativa”, como es en EE.UU., y no directa. Pero queremos establecer esas instituciones, ya que no las tenemos; así que por esa vez, y para ese fin, para brindarles legitimidad original, se justificaría un plebiscito, recurso típico de la democracia directa. Porque a esa “República” hay que “instituirla”, e instituir (fundar, cimentar) las instituciones de que ahora carecemos; ¿y de qué otro modo, si no es por consulta popular?

¡Saludos a los buenos!

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