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Gloria Cuenca: Elecciones y diálogo

Dos circunstancias presentes: elecciones, satanizadas por un sector, supuestamente de la oposición, el día 15 de octubre y el diálogo, en Dominicana. ¿Por qué la obsesión abstencionista entre los ciudadanos? Son gente que no sabe de política. Piensa en forma rebelde, desde la emoción, malcriados, como niño pequeño: “No voto, no me da la gana”. Sí la mayoría abstencionista fuera opositora, este es su argumento: “No voto, para no legitimarlos”. ¿Tienen cédula? ¿Sacaron pasaporte? ¿Trabajan? ¿Cómo entender la llamada legitimación?

Recuérdese, legitimar no es lo mismo que legalizar. Si tuviera espacio explicaría en abundancia las diferencias; no obstante me quedo con la más elemental: legalizar pasa por la ley, derecho positivo, mientras legitimar refiere al pueblo, su conducta en la sociedad como expresión de un deseo por obtener algo, exponiendo su esencia y ser legitimados. Las elecciones nos pueden dar ambas cosas: lo legal, elegir gobernadores de la oposición, y la legitimidad, nuevamente, al expresar el deseo del país demócrata del rechazo al Gobierno. Quienes no creen en votar son abstencionistas esenciales, están al margen de todo. Nadie se mete con ellos.

Sigan haciendo lo que su conciencia les dicta, pero por favor dejarnos en paz a quienes creemos en la importancia y trascendencia del voto. Por otra parte, está el diálogo. Pareciéramos niños pequeños a los que hay que explicarles todo: expresan intolerancia, agresión y violencia contra quienes no piensan o actúan como ellos piensan. Especialmente los que creen que no se pueden sentar en una mesa de negociaciones porque de una vez se pasan para el enemigo. ¿Es una proyección? ¿Un deseo oculto? ¿Una descalificación? No sé. He dicho muchas veces un viejo refrán que a mí, peleona de oficio, me enseñaron mis padres: “Lo cortés no quita lo valiente”. Aprendí mucho. Se pueden expresar posiciones e ideas y respetar a los demás. He seguido tratando a mis amigos, familiares cercanos, colegas y demás, que están convencidos de la maravilla del comunismo y de este proceso. Los quiero mucho, pero no van a cambiar su manera de pensar si discutimos al respecto. Mucho menos yo, nadie me convence. Algunos acabaron con sus matrimonios, otros con la amistad, lo más sublime. Otros con su familia.

Hay quien piensa que la ideología está por encima de los afectos. No lo comparto. Aquello de “boto tierrita y no juego más”, dándole la espalda al otro, quitándole la palabra y demás. Es inadecuado, pernicioso e infantil. No crece un país así.

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