Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Nelson Totesaut Rangel: Gobernar con historia

Nelson Totesaut Rangel: Gobernar con historia

Desde hace varias décadas, los estudios referentes a la historia han sufrido una fuerte depreciación. El auge de las ciencias prácticas, ha hecho desplazar al entendimiento del ayer, dándole preponderancia a las ciencias políticas o administrativas, al momento de buscar estructurar alguna política pública. Esto, sin duda, responde a la visión dominante de cortoplacismo, que rige la forma en que hoy se gobierna.

Desde Tucídides hasta el siglo XX, los historiadores eran empleados como personas de Estado. Consejeros, diplomáticos o ministros; cualquier rol era ajustable para los conocimientos de aquellos que podían ser capaces de ver el ayer. Incluso, Winston Churchill célebremente diría: “The longer you can look back, the further you can look forward” (cuanto más atrás puedas ver, más lejos adelante mirarás); debido a que la intención de hacer política era construir lo duradero.

Empero, desde hace 40 años, dice el profesor David Armitage (en artículo para The Guardian): “Los historiadores (…) han sido entrenados para desligarse [del mundo], ya que supuestamente distorsionan los imperativos de la pertinencia”. Hoy, evitando el exterior y enclaustrando su trabajo entre otros colegas. Y, cuando los mismos son filtrados y llegan a manos de algún curioso, serán leídos como si se tratase de una novela de ficción, desprovista de todo su verdadero valor en la construcción de las políticas públicas.

Trabajo de historia y de economía
El profesor Armitage, menciona un caso interesante de señalar. Thomas Piketty, economista francés, autor del libro: Le capital au XXIe siècle (El capital en el siglo XXI), señala que hacer una evaluación histórica (a largo plazo) del problema resultó necesario para demostrar la desigualdad en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, recoge Armitage, “su análisis de más de 200 años de data de ingresos orientales revela que la desigualdad entre sociedades es más propensa a crecer (…) y que se ha elevado desde la década de 1970”. Es decir, culmina el autor, su investigación fue tanto un trabajo de historia como de economía. Una, necesaria para entender la otra.

Nuestra historia
Venezuela es un país que se ha gobernado sin historia. Al menos, desde el punto de vista de las políticas públicas. Resulta indudable que solemos emplear esta ciencia crítica como un entretenimiento didáctico: héroes, batallas y epopeyas; cuentos y fábulas; mitos y leyendas. Toda una narración épica de lo que fuimos, sin buscar la lectura crítica de lo que queremos llegar a ser. Esto, producto de la no incorporación de los historiadores en la toma de decisiones, nos ha llevado a vivir en un país de inestabilidades y pensamiento plenamente cortoplacista.

La crisis petrolera es perfecto ejemplo de ello. Desde términos plenamente económicos y administrativos, nuestra bonanza prometía no acabar en lo pronto. El crudo está en el subsuelo y su precio se cotizaba sin aparente perturbación. No obstante, la historia ha enseñado cómo eventos impredecibles logran un auge o caída de los precios del mismo. En 1973, tenemos a la guerra de Kippur; lo que aumenta el precio de nuestro crudo en 70%. En 1979, la revolución islámica iraní y la guerra con Irak; lo que genera otro suculento aumento de nuestro producto. En 1986, la recesión económica mundial y la sobreoferta de crudo hace que su precio caiga vertiginosamente. En 2004, el conflicto árabe-israelí genera que suban una vez más los mismos. En 2011, el conflicto libio hace que suba el precio un 35% más, cosa que se mantiene estable hasta 2014 cuando se deprecia en un 70% debido a la sobreoferta en el mercado.

Aquí podría entrar en juego la proyección de los historiadores, quienes pueden aconsejar sobre las políticas públicas en aras de la inversión petrolera duradera. Ya que, como se evidencia, el precio del petróleo está condicionado por las reglas básicas del mercado (oferta-demanda), pero también existen otros espectros que los economistas fallan en prever, aquellos que se escapan de la visión a corto plazo y evidencian la importancia que es gobernar con historia.

Te puede interesar

Compartir