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Jesús Alexis González: Experimento revolucionario: ruta hacia la desgracia

Los dramáticos acontecimientos, acaecidos en la Unión Soviética entre 1936 a 1938 como un camino para forzar el cambio violento de la sociedad, excelentemente reseñados en “El Gran Terror” (Conquest Robert, Oxford University, 1990), hechos que ya había anticipado Lenin en el Congreso del Partido (1921) cuando señaló: “Nosotros hemos fallado en convencer a las amplias masas….ningún movimiento profundo y popular ha tenido lugar sin su cuota de suciedad, sin aventureros y testaferros, sin elementos pedantes y ruidosos…un partido gobernante inevitablemente atrae oportunistas y muchas deformidades burocráticas….las semillas de la espiga comunista carecen de cultura general”. Es así, que la trascendente reflexión de Lenin ha sido históricamente soslayada por los “procesos revolucionarios” que han emergido basados en los “postulados” de la hoy desaparecida Unión Soviética (tal como el indeseable socialismo del siglo XXI del caso venezolano), mediante el uso de una   “fraseología marxista” (que en lo conceptual una minoría apenas la entiende) donde se escudan a efectos de no reflejar su incapacidad de pensamiento en función de ir más allá de procurar la “destrucción del capitalismo” (sistema de mercado) sin tener la menor idea de cuál ha de ser “nuevo” orden socioeconómico que ha de instaurarse.

La denominada Revolución de Octubre de 1917, no fue un alzamiento popular– las masas trabajadoras se mostraron neutrales– siendo que la toma del poder fue una operación casi puramente militar en un país que no estaba listo para un gobierno “proletario y socialista” apuntalado por un “centralismo democrático” perfilado por una disciplina partidista con implícita aceptación y sumisión a la línea del partido, en complemento con la siniestra aplicación de algunas leyes. Desde el inicio, se intentó imponer un estricto control a la economía-incluido un Departamento de Economía con responsabilidades de seguridad similares al Departamento de Policía Secreta- convencidos que la abolición de los ingresos provenientes del capital era el único principio necesario de moralidad social. En tal contexto, se fundamentó la colectivización (convertir en colectivo) de la agricultura (equivalente hoy en Venezuela a la “colectivización de la economía”) para imponer la voluntad del partido sobre el campesinado formulando un “plan” de 2 años para alcanzar una completa colectivización, siendo que en los primeros 3 meses el número de propiedades campesinas incorporadas a las granjas colectivas pasó de 4 millones a 14 millones (en mucho nos recuerda el indeseable “exprópiese” aplicado en la naciente dictadura de Venezuela), mientras que más de la mitad de todos los hogares campesinos fueron colectivizados en 5 meses. Tal acción, propició que entre 1932 y 1933 Ucrania, el Cáucaso Norte y el Bajo Volga sufrieran una terrible hambruna-terror que indujo la muerte de más de 7 millones de personas (otras estimaciones la elevan a 10 millones)  que, sostienen algunos autores, fue organizada por Stalin completamente consciente y de acuerdo a lo planeado, en aras de aplastar al campesinado para imponer el sistema de granjas colectivas, que la valió ser descrito como el genio demoníaco de la Revolución quien actuaba motivado por un deseo de poder y venganza adherido a ideas abstractas, absolutas y fundamentalmente  utópicas (Venezuela retorna al pensamiento), y en la práctica no tenía criterio distinto al éxito lo cual significaba violencia y exterminio físico y espiritual (por cierto, veía “enemigos”, “gente de doble cara” y “espías” en todas partes) siempre apuntalado por una camarilla de oportunistas, aduladores y lacayos (de nuevo se muestra el caso venezolano); quienes en sumisión al líder condujeron a la Revolución al borde de la ruina ante la absurda obsesión de tener un Estado rico pero una población pobre.

El desastre económico y el estancamiento político fruto de la evidente incapacidad, no fue aprovechado por la oposición para salir al frente pese a considerar el liderazgo de Stalin como catastrófico, ya que aconsejaban esperar con paciencia un cambio en el modo de actuación del Partido desperdiciándose inefectivamente en sus propias preconcepciones (¿diálogo con la dictadura?); en armonía con la visión-obviamente comprometida-de los afectos al Partido quienes señalaban que la lealtad hacia Stalin (año 1932) estaba basada principalmente en la convicción de que no había nadie que pudiese ocupar su lugar, y que cualquier cambio de liderazgo era extremadamente peligroso por tanto debía continuar su curso ya que detenerlo o intentar una retirada significaría la perdida de todo.

Afortunadamente para el pueblo ruso, la URSS entró en el periodo de GLASNOST (Apertura, en ruso) que enfatizó en la verdad y mostró los desastres económicos y sociales, señalando claramente que el sistema de economía centralmente planificado sustentado en una interminable coerción había sido un total fracaso encontrándose en un punto muerto y por tanto requería ser desmantelado; aunado a la lamentable muerte de cerca de 40 millones de personas la mitad de ellas en el terror campesino de 1929 a 1933, y la otra mitad desde 1937 a 1953. Hoy día, Rusia que heredó la mayoría de las bases industriales de la Unión Soviética, es el primer productor de gas natural a nivel mundial con unos 44.770 de metros cúbicos/mes (provee más del 30% de todo el gas natural importado por la Unión Europea) y uno de los primeros productores de petróleo del mundo.

Venezuela, en contraste, y a la luz de unos 18 años de un “proceso marchando”  hacia un socialismo del siglo XXI de indefinido sostén ideológico y en contracorriente a la historia, nos ha conducido a la ¡desgracia! (acontecimiento que provoca sufrimiento o tristeza) a la luz de  una profunda crisis de progreso y bienestar con marcada relevancia de una ¡crisis humanitaria! signada por un  “terror alimentario-medicinal” que, en lo mínimo, está afectando la estabilidad emocional de la familia al tiempo de experimentar una explosiva mezcla de rabia y desesperanza. Tal acontecer se desarrolla, luego que el país experimentó la “fuga” de unos US$ 300.000 MILLONES por los caminos de la corrupción durante los doce primeros años de la “revolución”; monto al cual debe añadirse los últimos seis años (y ojalá sean los finales)

Reflexión final: “El remedio inventado por Lenin y Trotsky, la supresión general de la democracia, es peor que el demonio que se suponía que iba a curar” (Rosa Luxemburg).

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