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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Escenario electoral (I) (02-10-2017)

Se nos vienen encima las elecciones regionales. Quedan apenas diez días de campaña y doce para el evento, contando desde mañana, para tener números redondos. Son unas elecciones para nosotros tan importantes como enigmáticas. Realmente es dificilísimo hacer pronósticos, dados los variados factores que influirán en los resultados. En primer lugar mencionemos la situación objetiva y subjetiva de las dos grandes fuerzas que participan en la liza. Luego está la situación general del país, sobre todo la de índole económica. Después el poder mediático de cada contrincante. Además, las especificidades regionales, el acierto de las campañas, las cualidades de los candidatos y las bondades o no de las gestiones de los actuales gobernadores. Es un rompecabezas complicado que nosotros renunciamos a resolver en este momento. Haremos, sin embargo, un vuelo raso por esas condiciones que hemos mencionado, no para pronosticar, sino para acercarnos a una sistematización de nuestras dudas.

La oposición venezolana se encuentra en un mal momento, eso se sabe. Viene de sufrir derrotas políticas de alto calibre, que la mantienen dividida y venida a menos. Su “liderazgo” no cuaja, ha desperdiciado algún grado de popularidad relativa que en algún momento tuvieron ciertos dirigentes, como Henrique Capriles, Leopoldo López y hasta María Corina Machado. Ahora todos son vistos con malos ojos por su base social, que no cree en ellos para nada. El chavismo, por su parte, está en una mejor situación, sin que vayamos a decir que es una situación ideal. Las recientes victorias han reforzado notablemente la cohesión y la moral de su fuerza social. Proyecta una imagen positiva de unidad y optimismo, ha alejado la idea de debilidad del Gobierno; muy por el contrario, el Gobierno se nota fuerte y estable, a pesar de los pesares.

Estas condiciones pueden ser, no obstante, engañosas. La frustración de la base opositora está lejos de convertirse en apoyo al Gobierno. Sigue siendo opositora y numerosa. Es verdad que no tiene a quién seguir, pero no olvidemos que el voto opositor ha venido siendo duro y constante, a pesar de que es un voto negativo, no propositivo, como los es el del chavismo. Vota contra, no por ¿Habrá de repetirse esta conducta, que los lleva a votar sin importar algo más que derrotar al chavismo? Es difícil saberlo ahora mismo. En todo caso, la derecha está insistiendo de varias maneras en la necesidad de votar, no por sus candidatos, sino contra Maduro. Esa es su principal oferta ¿Hallará suelo fértil? ¡Quién sabe! Lo cierto es que ellos piensan que así como Chávez era el portaviones de los aspirantes chavistas, Maduro podría ser su Titanic en la actual circunstancia.

En cuanto al chavismo, los más de 8 millones de votos por los constituyentes parecen un excelente punto de partida, pero no nos confiemos. Muchos de esos venezolanos votaron por descarte, porque no había sobre el tapete ningún otro camino, ninguna otra oferta política en el panorama para encarar las dificultades del país, que no son pequeñas. Trataron con la Constituyente de encender alguna luz al final del túnel. Ahora bien, el efecto Constituyente podría diluirse de aquí el 15 de octubre, sobre todo porque en amplios sectores del pueblo es está generando la visión de que la Constituyente ha sido hasta ahora más palabras que hechos. No decimos que esto sea verdad, sino que es la matriz que ahora mismo tiende a imponerse. Si nos descuidamos, nos puede pasar lo mismo que le ocurrió a la derecha con las parlamentarias de 2015: ofrecieron el oro y el moro, y después se volvieron pura bulla. Por supuesto, no era dado pensar que la Constituyente iba a hacer milagros y su trabajo constitucionalmente transformador se plantea que puede durar hasta dos años y más. Pero el problema es que el pueblo, agobiado por la inflación inducida y la especulación feroz desatada, quiere verle aunque sea un pedacito del queso a la tostada para ya. La Constituyente tiene muchas virtudes, nosotros somos testigos de excepción de tal cosa (y también algunos defectos, claro está) pero no nos cansaremos de decir que en política lo más importante no es la realidad, sino la percepción, y la percepción que se siente en la calle es que la Constituyente, hasta ahora, es mucho ruido y pocas nueces.

En fin, para esta pelea nosotros no tenemos favoritos objetivos (aunque sí favoritos sentimentales, todos saben quiénes son). Otra cosa que diremos siempre: como analistas no podemos ser optimistas ni pesimistas, tenemos el deber de ser realistas. Poco antes de las elecciones parlamentarias de 2015, un viceministro, que formaba parte de uno de los comandos de campaña, nos aseguró que el chavismo podría sacar de nuevo cerca de 100 diputados. Nosotros le replicamos que eso no era consistente con la difícil situación económica de aquel momento y que el chavismo había sacado ese número de representantes en las anteriores parlamentarias (2011)  con Chávez al frente y con una situación económica positiva ¿Por qué, entonces, nos iba a ir igual? Ahora nos preguntamos ¿Hemos dado respuesta, desde la Constituyente, a las expectativas de los más de 8 millones que nos apoyaron? Dejemos la pregunta en el aire, porque este Análisis no termina hoy.

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