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Orlando Ramírez: Clamor de las montañas Andinas

«La casa en la que vivimos todos». Esta frase es concluyente, la autoría es  del  Príncipe de la Iglesia. La expresa en el momento más urgido de ponerle atención a lo que le está pasando al Planeta Tierra, zarandeado  por tantos desbarajustes del hombre en todas las actividades; no obstante solo voy referirme a la destrucción de las montañas andinas. Estas están siendo fuertemente vapuleadas, no precisamente  por gente extraña o extra terrestre,  sino  por los propios lugareños, y eso, sí  que es grave.  Las consecuencias están a la vista, lo último lo sucedido el 19 de abril, en Manizales; la segunda  del presente año en la población de Mocoa; también, el año pasado, en el Municipio Salgar, estas tragedias en Colombia.  Pero Venezuela, Perú y otros países no escapan de esas desventuras de vaguadas, que arrastran con torrentes de furia todo en su camino hacia el infierno…

En nuestra nación, podemos referirnos a dos acontecimientos de ingratos recuerdos: La del Valle  del Mocotíes, por el río homónimo,  en poblaciones de Tovar y Santa Cruz de Mora, el 11 de febrero 2005. Y la tragedia monumental, de diciembre 1999, en el Estado Vargas, en  «Los corrales» causado por el río San Julián, con saldo de miles de muertos y pérdidas materiales gigantescas.  Según las explicaciones dadas por los funcionarios públicos tanto en Colombia, Perú y Venezuela  todos culpan al unísono a las altas precipitaciones. Los buenos observadores del ambiente de las montañas andinas,  si tienen años transitando o viviendo por los hermosos valles  productivos agrícolas  de las zonas altas y medias de los estados Mérida, Trujillo y Táchira,  podrán haber visto en sus aledaños, los cambios físicos  que han sufrido estas hermosas y perennes montañas,  en primer  lugar, aparecen suelos desnudos ya sin vegetación, primer síntoma la degradación de los suelos que se manifiesta en  las calvicies o erosiones, luego  pequeñas troneras  y de inmediato  las cárcavas  profundas  en las laderas. Estas fosas no son otras cosas qué cánceres de los suelos.

Retomando el ejemplo  lo del Río Mocotíes, afluente de un mínimo caudal, lento en el  andar y sobre todo  poco bullicioso en el  día,  aparenta en largas etapas  mansedumbre; no obstante de golpe y porrazo, puede sacar sus uñas, y sin aviso inunda todo a su paso.   Aunque hay un adagio popular que dice «De las aguas mansas líbrame Dios que de las bravas me libro yo», Existe un aspecto más relevante que no podemos tapar  y vendarnos los ojos, como si nada estuviese ocurriendo en el entorno de esos páramos tan hermosos,  que al mismo tiempo nos  deben hacer reflexionar. ¿Por qué si durante cientos de años una catástrofe de esta magnitud no había sucedido, viene a pasar en nuestros días? Pues sencilla y llanamente, el hombre,  que  es hacedor de tantas cosas maravillosas y también es  destructor de muchas;  porque se resiste a respetar las leyes de la Mater Natura,  con acciones equivocadasque hacen tanto daño, incluyendo al futuro de sus  propios hijos,  vecinos,  fauna y flora,  que es su hábitat…El hombre insensatamente destruye las cabeceras de los ríos, en las zonas  altas andinas de grandes  pendientes, y de otros lugares del planeta tierra,  donde van  talando los árboles, entre ellos cafetos productivos, demoliendo  la capa vegetal y sostén  de los suelos,     que expuestos al sol, vientos, y  lluvias, que al paso de los animales, los convierten en factores erosivos,  esquilmándolos;  porque aniquilan su modus vivendi y su función vital, la de mantener viva la naturaleza. De manera que cuando  las tierras  quedan desnudas sin vegetación sin guardianes ecológicos naturales ,  al llover,  a veces por horas, entonces se va socavando y arrastrando  todo lo que encuentra en las entrañas del terreno, como son Las voluminosas rocas, lodo  saliéndose el río de su cauce natural y produciendo estragos  en las zonas medias y bajas  de los  Valles.   Los perjuicios causados  en las zonas de montaña tienen repercusión  en las planicies.   Estos macizos quedan desnudos, desprovisto de árboles y vegetación durante años de depredación por el propio hombre, quien inconsciente ha destruido estas capas protectoras del ambiente, sin percatarse  que está socavando su propia tumba, la de familia y los vecinos tanto los que construyeron en las laderas como los que edificaron urbanizaciones en las zonas bajas. Esas montañas se encuentran  bajo la jurisdicción de parques  nacionales, son intocables.  Qué no las respetan. Todo este perjuicio se hace con la venia complaciente de los funcionarios llamados a cuidar por ley  estas áreas susceptibles a deterioros ecológicos. Llámese Ministerio del Ambiente, La guardia Nacional, los alcaldes,  quienes entre sus funciones tienen la obligación   de  cuidar y proteger los bosques, que por cierto los altos jerarcas militares, escurren su bulto,   son más aficionados a vigilar las fronteras y las aduanas.  Quiero advertir que otras tragedias similares pudieran presentarse en otros sitios y  en zonas de Caracas, fundamentalmente  las del pie del monte  Ávila, que  el gobierno actual   han sido los primeros de transgredir esos cerros, construyendo urbanismos.

El MID, el Proyecto país, Venezuela Reconciliada… vía Constituyente, promueve en su doctrina de la nueva nación por reconstruir, la protección del medio ambiente en todas sus fases, como garantía para la vida. Las montañas andinas deleitan el alma, es nuestro deber cuidarlas; legado natural para las futuras generaciones.  «Nuestro lema cuidemos celosamente las montañas»

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