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Alirio Pérez Lo Presti: Yordano para siempre

Yordano Di Marzo es el cantautor venezolano que más he escuchado. Son innumerables las satisfacciones personales con las cuales lo relaciono y sus melodías me transportan mágicamente a un saco de vivencias, emociones a montón y gratos momentos. Lo coreaba mientras conducía de noche, a gran velocidad, por la recta de El Tigre, también estuvo presente en un rincón de un bar de mala muerte en los tiempos de El Cantón, estado Barinas y me ha acompañado en la más profunda intimidad de mi morada.

La vinculación entre un artista y las grandes masas de personas que lo escuchan no solo es un fenómeno que nos hace la vida mejor, sino que la música de nuestros admirados cantantes es el colofón de nuestra propia existencia. Sea para pasar un ameno instante o un barranco profundo, el rol de los artistas en la vida de las personas comunes y corrientes genera desde pautas de comportamiento hasta creencias elaboradas.

Este asunto del hombre que se enlaza con las costumbres propias de su tiempo nos lleva a otra reflexión forzosa y es la cuestión de la moda. La industria de la moda es una relación que se basa en un doble vínculo. Por una parte está quien de manera absolutamente planificada trata de imponer una pauta relacionada con el gusto. Se apuesta por una propuesta estética que sea asumida como una manera de conducirse. Para que esta propuesta tenga eco en las masas, desde los centros de poder se intenta crear la necesidad de consumo. El problema es que no toda pauta que se intente imponer resulta favorecida por las apetencias de los consumidores y se establece el segundo vínculo. Este otro vínculo es el que está latente en las poblaciones que quieren hacerse eco de las distintas propuestas estéticas.

Por ejemplo: la minifalda aparece en el contexto de una generación rebelde y desenfadada que estaba luchando por imponerse al rigor de la generación precedente. El diseñador crea esta magnífica prenda y las mujeres, deseosas de transgredir, salen corriendo a mostrar importantes partes del cuerpo. Así como la industria de la ropa es una representación de las apetencias colectivas y las capacidades de leer estas apetencias por quienes generan lo creativo, de esa misma manera se establece la dupla entre quien expresa una melodía y quien queda fascinado con ella. Por eso la moda nunca es una imposición en términos absolutos sino una pareja que baila al mismo ritmo. La dupla se establece cuando se da la relación entre quien propone estéticamente y quien dispone ser el gustoso experimentador de la vivencia.

Lo mismo ocurre con los deportes, los juegos, los colores, las ideas, las formas y lo que podríamos definir como la concepción estética y ética que caracteriza a cualquier sociedad en un lugar y un tiempo en particular. Obviamente que la música no podría escapar de esta manera de conducirse de las grandes mayorías; de ahí que la gente al escuchar la melodía de la época en la cual tuvo mayor vitalidad no pueda evitar el suspiro y la exclamación: “-Esa canción es de mi tiempo”.

¿Qué viene  a representar Yordano para la sociedad venezolana? Ni más ni menos que el espíritu de su tiempo, lo cual significa, en términos concretos, el período en el cual las personas con mayor fogosidad de la sociedad quedaron encantados con sus composiciones y se intervincularon con el artista de manera personal, lo cual es un fenómeno fascinante. Yordano no solo es genialidad musical y buen gusto, sino que representa el carácter de los centros poblados del país de las últimas décadas del siglo pasado. Esta manera de ver el fenómeno musical nos lleva a otro asunto y es el darnos cuenta tanto de lo divertido como de lo apesadumbrado del tiempo del artífice.

Es un deleite recrearse en su música, en la cual se fusionan los más depurados ritmos caribeños, la presencia magnífica del bolero, la melodía con instrumentos de salón europeo y por supuesto el jazz, entre otros. Pero cuando nos detenemos en las letras de las canciones, la cosa se enmaraña, porque las composiciones van desde el realismo mágico latinoamericano, el mundo subterráneo de la noche, la mala vida del alma del lenocinio, los problemas sociopolíticos y por supuesto, el amor. Aquí me detengo para hacer énfasis en este último tópico, porque el amor en las canciones de Yordano representa el amor de dos décadas de la vida del venezolano, en lo cual la candidez tiene una tesitura muy especial y los idilios fluyen con las complejidades perfectamente ubicadas en su lugar.

No tengo idea de cuál podría ser el alcance de la música de Yordano en términos de temporalidad. Lo que sí tengo claro es el lugar que ha ocupado en la vida de las personas que lo asociamos con tiempos muy especiales y nos reconfortamos al saber que sigue dando qué hablar cada vez que se presenta en algún lugar, sea para robarnos una lágrima de nostalgia, un nudo en la garganta, una fresca alegría o la más perfecta felicidad. Más o menos así de importante me parece Yordano.

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